En primera persona

Regreso precario

Con la cara lavada. Chamartín.

Si no fuera porque, aunque esté mal que yo lo diga, casi siempre voy ideal, incluso de zarrapastrosa, en estos momentos me sentiría como Cenicienta y su calabaza. Regreso a “provincias” en un tren que pagas como Ave y padeces como carrilana, después de haber pisado alfombra roja, como quien dice; y no para contarla, sino para vivirla.

Habrá quien me llame “colonizada”, pero qué quieren que les diga, lo de la lluvia es arte, pa’el  que le guste, a mí denme asfalto, chaparrones en vez de orballo y amplias avenidas. Eso sí, un poquito más de generosidad en las cañas también se agradecería, que lo suyo son más bien cortos.

Hace exactamente un año, Madrid acudía al rescate para insuflarme algo del oxígeno que me faltaba en una casa que, tras un año de talento a la fuga, ya no reconocía. 366 días después –que 2016 es bisiesto- ya no necesito respiración asistida, pero soy adicta. Quizás por los efectos del dióxido de nitrogeno y mi tendencia a lo tóxico, tal vez por el anonimato o a lo mejor porque aquí me resulta más fácil la empatía.

Este desarraigo, no obstante, es un desapego más vital que identitario. Por eso, cuando Infolibre anunció el acto por la Libertad de Expresión que celebró el pasado fin de semana en Madrid, tuve la osadía de proponerle a su director, Jesús Maraña, que también nos diera la palabra; aunque las reivindicaciones, obviamente, sean las mismas en gallego, en catalán o en euskera; en Murcia, en Asturias o en Valencia.

Captura de pantalla 2016-05-09 a las 10.55.39

Foto Infolibre

La propuesta sirvió no sólo para demostrar que Infolibre es un proyecto plural, informativa y territorialmente, sino para poner encima de la mesa, o mejor dicho, encima del escenario, la situación de precariedad en la que desarrollan su trabajo los y las afortunadas que, al menos, aún cobran algo a final de mes. La suya y la de quienes ni siquiera alcanzamos esa condición, por estar directamente en el paro. Se oyó este testimonio y, además, en palabra anónima, que a veces es una forma más próxima y realista de hacer llegar un mensaje.

Xosé Hermida, de El País, escribía en la declaración del 3 del Mayo del Colexio de Xornalistas de Galicia que “pedir por nosotros -los periodistas- es pedir por todos -por la sociedad-“, de ahí la importancia de la celebración de actos como el del pasado sábado en el Teatro Maravillas. Del acto y del manifiesto con el que concluyó: Ni una palabra de más ni una palabra de menos. Por un pacto entre periodistas y lectores, escenificado entre Maraña y Luís García Montero, presidente de la Sociedad de amigos de Infolibre.

Eu son Balbino

Llegué enfundada en mi boho-chic, con carpeta corporativa y una mentira piadosa sobre la duración de mi texto, pero ¡qué coño! era mi/nuestro minuto de gloria y como dijo Juan Luís Cano, “a ver quién tiene huevos para cortarnos en un acto a favor de la libertad de expresión”. Era lo suficientemente temprano como para poder comprobar que hay gente todavía más atacada que yo. Ya, mal de muchos consuelo de tontos, pero a mí ese momento me ayudó mucho a la hora de semi relajarme, igual que constatar que, realmente, desde el escenario, con las luces, no ves al público. Una de cal y otra de arena, porque al no ver, quizás resultasen ridículas las ocasiones en las que intentabas no leer y buscar su complicidad y respuesta.

Intervenir después de Emilio Lledó y de Edwy Plenel, sabiendo que, después de ti lo harán Soledad Gallego Díaz, Manuel Aguilar e Iñaki Gabilondo (este vía vídeo), no sólo hace que se te corte la respiración, que te encomiendes a todos los santos y dioses para no caerte entre los tacones y el largo del vestido, sino que te entren ganas de empezar la intervención diciendo: Ola, eu son Balbino, un rapaz de aldea. Coma quen dis, un ninguén e ademais, pobre (Memorias dun neno Labrego, Neira Vilas. Editorial Galaxia)

Foto temblor infolibre

Teatro Maravillas. Visión borrosa

Como dice Maraña, una cosa es ver desde bambalinas o desde el escenario, otra desde las butacas –si no actúas, claro, porque yo estuve cegata en todos los formatos– y otra desde el ordenador. Así que, salvé la dignidad en las escaleras y creo que también ante el atril; ya no tanto fuera de plano, donde si no fuera por los chicos de la Revista Mongolia y la birra que les tiré por el suelo, mi forma de temblar habría sacudido los cimientos mismos del teatro.

Edu Galán y Darío Adanti ponían el punto de humor con una representación de un fragmento de Mongolia, el musical, que el próximo 26 de Mayo volverá a los escenarios de Madrid, a Teatros Luchana.

Su presencia estaba justificada porque si la libertad de expresión ya vive horas bajas en la información “seria”, qué decir de la situación que viven quienes comunican a través de la broma, del chiste o de la ironía. De hecho, la idea de celebrar este acto nació tras el caso de los titiriteros encarcelados por un delito de enaltecimiento del terrorismo por la obra La Bruja y Don Cristobal, explicó el director del diario. Estos artistas aún están en libertad con medidas preventivas, de ahí que haya sido la madre de uno de ellos, de Raúl García, la que leyera un mensaje en nombre de ambos, denunciando que “la información abunda pero la verdad escasea” .

Coincido con Edu cuando abrió su actuación… haciendo amigos: “Hola, soy Edu Galán de Mongolia y quiero hablar como han hecho otros antes de mi intervención con la trascendencia que el tema requiere. Como a muchos de vosotros en la sala, a mi no me gustan los títeres. De niño, me asustaban. De joven, los tenía en el mismo cajón que los mimos, los tunos, los clowns o la batucada. Y de adulto, cuando me enteré de que habían detenido a dos titiriteros, pensé “Hostia, ¡por fin!”.

La presencia del maestro de títeres británicos Rod Burnett, representando el clásico de títeres de cachiporra Punch y Judy, nos reconcilió con el género. Bueno, le reconcilió a él porque yo reconozco que tuve que ausentarme un rato pues aún no había recuperado al cien por cien el aliento.

Tíos y tías

Ya me gustaría tener el aplomo de Gallego Díaz, quien además puso el punto 2.0 a la fiesta leyendo su intervención directamente desde el Iphone y cómo he envidiado a Forges, del que ya conocíamos su talento, pero que, además, ha demostrado que también los hombres, algunos, por lo menos, pueden hacer varias cosas al mismo tiempo: improvisar una viñeta, reivindicar el derecho de los artistas jubilados a seguir cobrando y protagonizar, junto a Maraña, un pequeño momento digno de los “mongoles”, como se le oyó decir por lo bajini a García Montero, sentado en ese momento sólo unos asientos más allá del mío. Sí, lo siento amigo, hasta en una situación nivel 4 de estrés o histeria consigo que no se me escapen todas las anécdotas 🙂

Música, poesía y activismo

Superamos la hora y media del tiempo previsto, conste que yo sólo contribuí en tres o cuatro minutos al desajuste, podría haberme extendido más; ya echada al monte, hubo un momento en el que me vi reflejada en no sé qué sitio y, entre el vestido y mi proclama: Diguem No, me dio la risa y pensé: sólo me falta pillar la guitarra y cantar a Raimon a lo Joan Baez.

No me atreví, los únicos ojos que distinguía mientras hablaba eran los de Miguel Ríos y sabía que en la sala estaba Carmen Linares, así que mejor dejarlo como estaba y escucharlos a ellos, que se decidieron por Oración, de García Montero, en el primer caso y por Silbo del dale, de Miguel Hernández en el caso de Linares.

La música, el activismo y la poesía pusieron el punto y final a la función, que nos dejó  deberes para hacer,  a través de ese Pacto entre periodisas y ciudadanos “sobre el que hay que correr la voz” porque “hace mucho tiempo que deberíamos haber dicho basta”, argumentó Maraña.

Sin carroza pero con los dos tacones

Con la cabeza ya ideando los próximos bolos, aún a riesgo de que, por hablar, me vuelvan a subir a un escenario, acabo esta Crónica en primera persona a bordo de una calabaza, pero con los zapatos intactos. Se agradecen todos los piropos, pero ya sabéis que yo soy muy de las madres y muy de los emigrantes, así que la felicitación de una mujer que me grabó para envíarselo a sus hijos, ambos periodistas, que trabajan de camareros en Bristol me parece motivo suficiente para saber que todo esto ha valido la pena. Mi inseguridad, mi miedo y su esfuerzo, el de todo el equipo de Infolibre, creo que se han visto gratamente recompensados.

Por eso, sentada de vuelta a Mordor en el vagón número 8, al que tuve que acceder por el número 7 porque la puerta del mío estaba rota; en la butaca 9 A de un grupo de cuatro, con una serie de frikis que me ofrecieron todo tipo de píldoras de colores para calmar los nervios -yo que pensé que ya sólo transmitía paz y amor- me siento sólo media Cenicienta. Sin carroza, pero Con los tacones puestos. Y feliz.

DIGUEM NON-Definitivo Texto íntegro leído en el acto de Infolibre por la libertad de expresión

 

Desde el minuto 25.50, la intervención

De bien nacidos es ser agradecidos así que, ¡firmes! 

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Tengo que dar las gracias, y no necesariamente por este orden, a:

Infolibre, por la información libre e independiente

Jesús Maraña, no sé si decir “por su entusiasmo o “a pesar de” con mi propuesta 🙂

García Montero, porque, lo siento, es Dios y tenía que decirlo.

Ramón Lobo  porque su naufragio fue mi rescate (y a María, por obligarlo a naufragar)

Fran P. Lorenzo, porque sin su manifiesto me habría resultado imposible redactar el relato colectivo

Sol Martínz-Fortún, que siempre está ahí y, además, aparece en el momento justo en el lugar acertado. Sin ella saberlo, abrí su último correo en pleno colapso ante el reto que se me planteaba. Su fe ciega en mí tuvo mucho que ver a la hora de atreverme a dar el paso.

Edu y Dani porque se han comprometido a regalarme la entrada para el musical el  día 26 y yo ni perdono ni olvido; que ya sabéis que todo esto, además, lo hemos hecho de gratis, por coherencia con eso de la libertad y tal, así que majetes… ya estáis apoquinando 🙂

Foto Mongola

Libres 🙂 Foto Benito Zambrano para Revista Mongolia

 

 

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