Sáhara, ida por vuelta (2): Territorio Ocupado, Territorio Olvidado

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Playa de las Canteras (Las Palmas) Foto: Irene Tomé

La arena es efímera. Las causas permanecen. O no. Y lo peor es que no me atrevería a decir quién tiene más culpa, si el ocultamiento o la sobreexposición. Si los tiempos en los que el acceso a la información era más limitado o ahora que –el que quiere- puede encontrar un reportaje diario sobre todo ese periodismo que se engloba en cooperación, desarrollo o conflicto. Periodismo por decir algo, porque no es momento ni objeto de este relato entrar a valorar los reportajes sociales edulcorados. Un tema que merece su propio debate.

Afronto mi primera incursión profesional en África a pelo. Recibí una llamada y en cuanto oí el destino: El Aauín acepté sin más preguntas. Así es mi vocación o así es mi inconsciencia, vaya usted a saber; en mi armario, además, siempre habrá algo que ponerse según la ocasión, así que deshice la samsonite recién llegada del Teatro Maravillas y me puse la mochila por bandera. La invitación provino del Intergrupo Paz e Liberdade para o Pobo Saharuí del Parlamento de Galicia, integrado por representantes de los cinco grupos políticos con representación en la Cámara (Gonzalo Trenor, PP;  Noela Blanco, PSdeG; Xabier Ron, AGE; Montserrat Prado, BNG y Chelo Martínez, Cerna-Grupo Mixto) junto con la Asociación de Solidariedade co Pobo Saharuí (SOGAPS- Maite Isla y  Henrique Porto)

Para la parte más institucional del trabajo, como quien dice, no necesitaba muchos más datos de los que ya figuraban en la agenda de visitas, pero para mi crónica volví a naufragar y me sumé a la técnica “de esperar la sorpresa que te despierte como narrador, para ser capaz de descubrir las claves internas del relato -porque- Una preparación exhaustiva anestesia contra lo inesperado, impide el buceo emocional, apreciar lo que se está viviendo y reporteando”.

Y así fue como apareció la metáfora de la arena. Así fue como caí en la cuenta de hasta qué punto todos los conflictos realmente son el mismo conflicto, presentes o latentes, según hasta dónde haya alcanzado la marea.

Los ochenta

Me interrumpe, mientras escribo, un mensaje directo de twiter y, tras contestarlo, en el timeline aparecen 140 caracteres ilustrados sobre la hambruna en Malawi. Y vuelvo a los años 80, a esa época en la que los de mi generación vimos por primera vez los vientres inflados y los mocos con moscas de los etíopes, una imagen que, desgraciadamente, hemos interiorizado de tal manera que la hemos hecho sinónima de África y de la desnutrición, así, sin matices. Es en esa misma época, la de los 80, cuando sitúo las primeras proclamas sobre el Sáhara y cuando por mi casa se dejan ver los primeros paños palestinos, los revolucionarios, claro, no los que vistieron años más tarde las pasarelas.

palestinos en las pasarelas

Foto Internet

Luz y taquígrafos

Desde que Aylan actuó de “atrezzo” para la visibilización de los refugiados, hemos conocido, por fin, algo sobre la realidad actual de Siria, de Afganistán, de Irak. Pero es que antes de Aylan, murieron muchos más; antes de Aylan estaba Lampedusa, como lo está ahora, y como lo seguirán estando todos los muertos sin nombre del mediterráneo y de otros mares mientras no haya una verdadera voluntad política para resolver el conflicto; otra cosa es hasta qué punto nos enterararemos de todo ello. Hoy mismo la policía cargaba sobre Idomeni, pero dudo de la trascendencia que tendrá ese grave y repetido incidente.

Recién aterrizados, aún en Canarias, Abdelkader Taleb Oumar, ministro de los Territorios Ocupados, vino a decirnos, no sin razón, el tópico de que si no sales en los medios no existes, y lamentó que mientras “se informa de cualquier lugar del mundo donde se pisotean los derechos humanos, del Sáhara, no”. Y si bien es cierto “que un periodista no cambia el curso de las guerras, sin su mirada crítica y constante de los conflictos, estos serían insoportablemente más crueles e injustos”. Por eso, la delegación política con la que viajábamos tenía tan claro la necesidad de ir acompañada de periodistas, que se complementasen más allá de las siglas que les abonaron el pasaje. Luz y taquígrafos no tanto para demostrar qué formación enarbola la bandera más grande en defensa del pueblo saharuí sino para hacer visible que este pueblo es y está.

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Periodistas. Dos generaciones. Aprendiendo de la joven, inquieta y entusiasta Irene Tomé

Conciencia social

Siria podría ser una oportunidad para despertar conciencias y para hacernos mirar más allá de su propio conflicto. Un revulsivo para levantar alfombras y poner en agenda toda la mierda que durante años o incluso siglos hemos generado desde aquel viejo concepto de Primer Mundo.

Lo malo es que después de Aylan, el target de este tipo de información está demasiado definido. Quizás las fotos puedan llegar a más público pero las claves sólo nos preocupan a los mismos, que nos retroalimentamos generando la falsa ilusión de que cada vez somos más los que tenemos algo de conciencia social y los que sabemos todo lo que realmente está pasando detrás de los flashes y detrás de algunas historias de vida o, para ser más precisos, de no vida.

5 millones de minas

“Los saharauis son unos 125.000 y llevan 40 años en tiendas provisionales de refugiados. Sensatos, pacíficos, estoicos, lo han intentado todo sin recurrir al terrorismo y nosotros los hemos premiado con la olímpica ignorancia de sus derechos y su dolor”. Así se expresaba Rosa Montero, casualmente el mismo fin de semana que nuestra delegación viajaba de vuelta a casa, sin haber podido entrar en el territorio ocupado. Se expresaba así en un artículo titulado Vergüenza, reconociendo, ella misma, que a pesar de ser próxima a su causa y haber escrito varios reportajes “los años pasan como una lluvia de plomo y la implacable política marroquí de represión y aplastamiento, junto con la atroz indiferencia de la comunidad internacional, han conseguido enterrar en vida a este pequeño pueblo”.

La periodista sale de su letargo al conocer, varios días después de haber sucedido, una noticia oculta: la muerte del sindicalista Brahim Saika, de 32 años. Seguro que desconoce que, pocos días después, al asesinato de Brahim hay que sumarle el de otro joven estudiante que apareció muerto a principios de mayo en extrañas circunstancias. Nosotros nos enteramos porque estamos allí. O casi allí. A 40 minutos de avión de un estado “hermetizado”, “aislado”, “bloqueado”, tomado por el este por un muro de 2.700 km salpicado de 5 millones de minas.

Sí, tenemos sólo una fuente, es información de parte, pero ¿cómo no creerla cuando las autoridades que la niegan te impiden el acceso al país? ¿Dónde quedan la libertad de información y de circulación propias del estado democrático del que se jacta el gobierno Marroquí mientras el estado español mira para otro lado?

Oumar nos aporta todos estos datos, a los que hay que añadir los 97 observadores internacionales que han sido expulsados desde que comenzó el año –los últimos, una delegación de juristas que velaban por el respeto de los derechos humanos en las cárceles- más los 55 presos políticos, grupo en el que se encontraban los dos jóvenes fallecidos.

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Foto Internet

El conflicto se ha enquistado. El territorio es un polvorín en el que, desalojado el componente civil de la misión de paz de la ONU (MINURSO) ya sólo quedan los tanques y el despliegue policial supuestamente disimulado tras ropa de calle. Quizás los niños que tengan la fortuna de acogerse al programa de Vacaciones en Paz puedan arrojar algo de luz sobre lo que está pasando tras ese búnquer; mientras, sólo toca esperar a que, desgraciadamente, alguno de esos niños vuelva a llamarse Aylan.

Y le pongo nombre porque Hassana, siempre pendiente de las redes sociales, muda su expresión en un momento del vuelo que ya nos conducía a Vigo. Una niña de 12 años ha muerto alcanzada por una mina en la localidad de Machbe. El suceso se produjo el miércoles, lo conocemos el sábado y la niña… sólo sabemos que cuidaba su rebaño, anónima, sin identidad.

pasaporte

Des-Embarque

Vigo-Madrid-Las Palmas-El Aaiun-Las Palmas-Madrid-Vigo

Fueron 72 horas viviendo, como quien dice, en un avión. Y porque tuvimos la suerte de que la aeronave de la compañía canaria Binter que nos trasladó a El Aauín regresaba de inmediato a Las Palmas, de lo contrario, el periplo habría sido aún mayor.

Alguien comentaba que, racionalmente, deberíamos de tener claro que no nos iban a dejar entrar, pero nuestro ánimo era de todo lo contrario. No sé si nos pudieron las ganas que teníamos de poder hacerlo o esa paz, serenidad y tenacidad que, efectivamente, transmiten estas gentes. Todas ellas. Empezando por la propia Maite Isla quien, pese a ser la representante de SOGAPS, ya podría pasar por uno de ellos, supongo que porque ya suma muchos años de lucha igual de incansable y pacífica.

El mar, los versos y las papas arrugás

Disfrutamos de unas horas previas a la derrota durante las que el talante sosegado de Oumar, poniéndonos en situación y previniéndonos de los posibles escenarios ante los que nos podíamos enfrentar, contrastaba con nuestra viscelaridad. Nuestra indignación poco disimulada ante lo que a todas luces es injusto y atroz. La poesía consiguió templar algo los ánimos: sus versos y su interculturalidad de rimas en árabe y gallego. Las papas arrugás calmaron nuestros estómagos, machacados de responsabilidad, incertidumbre, nervio y comida de aeropuerto. El mar, su horizonte, creo que hicieron el resto a la hora de tener tan claro que nuestro viaje no sería en vano. Allí estaban, además, Aminatou y Hassana para reafirmarnos en que teníamos que hacerlo, teníamos que dar respuesta a las diversas solicitudes recibidas en los últimos meses por parte de distintas organizaciones y familiares de presos y desaparecidos. Con ese objetivo se montó la delegación, cuyos miembros, en parte, ya habían participado en una misión parecida hace dos años. La agenda incluía la visita a la Asociación de Víctimas  saharuais de graves violaciones de derechos humanos cometidos por el estado marroquí,  ASVDH, ong legalizada recientemente, así como a distintas autoridades locales, ¿cómo imaginar, entonces, que ni siquiera nos permitirían bajar del avión?

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Aminatou recibe a la delegación expulsada y habla ante los medios

Aminatou y Hassana

Me acosté sin haberme atrevido a reconocer que era gafe. Que la primera vez que pisaba Canarias no hiciese buen tiempo ya debería de haber levantado sospechas sobre nuestro desenlace, pero tenía sueño, quería cruzar esa maldita frontera y además estaba algo enfadada. A la gente se la conoce viajando, yo he conocido a gente estupenda en esta aventura, pero siempre tiene que haber una nota discordante. Esa persona que nos obliga a todos a mirar hacia otro lado, sentir vergüenza ajena y pedir las disculpas que nunca esperarás que pida ella. Ese tipo de personas capaces de confundir la admiración y el respeto con la militancia, de hacer suyas las causas o las banderas y, en un claro ejercicio de pérdida de perspectiva, osar ponerse a la altura de Aminatou Haidar. Insinuar ser víctimas de una misma lucha salvo que en distintos territorios; pareciendo ignorar, claro, que la principal activista en defensa del pueblo saharui y de su derecho a la autodeterminación ha vivido años de cárcel y torturas y, de forma más reciente, 32 días de huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote (2009) tras ser expulsada ilegalmente de El Aaiún.

Aminatou tiene unos ojos inmensos tras unas lentes chiquitas, le duele la boca porque está recién operada de la mandíbula y escucha, sabes que escucha. Observa paciente y sonríe. Esa sonrisa.

Y si ella sonríe, tú no te puedes cagar en Dios, pero lo haces e incluso dejas tu gin tonic a medias porque empieza a saberte a bilis. Sí, suena frívolo pero hubo gin tonics, una vez consumado nuestro fracaso, tocados y hundidos, pedimos unas copas. En mi caso concreto porque a la impotencia y frustración colectivas había que sumarle la rabia ante otro atentado verbal, esta vez contra Hassana Aalia. Un joven que no llega a la treintena y sobre el que ya pesa una condena a cadena perpetua por parte del gobierno marroquí, por la organización en 2010 de un campamento en Agdaym Izik en el que se congregaron más de 20.000 personas para conseguir derechos sociales y políticos para El Sáhara. Un movimiento pacífico que duró tan sólo 28 días pero que supuso el inicio de la Primavera Árabe, en palabras de Noam Chomsky. Hassana, desde que comenzó su activismo en 2005 y antes de vivir, aún sin visado definitivo, en España, no recuerda un sólo año en el que no estuviera en prisión. En varias entrevistas describe, sin inmutarse, algunas de las torturas que sufrió. A mí se me atraganta una croqueta cuando discutiendo, en su presencia, qué tendrá más impacto mediático para la causa, si nuestra expulsión o poder haber entrado, una voz que claramente no usa tacones suelta que lo mejor que nos podía haber pasado es haber sido encarcelados. Y digo lo de los tacones porque sólo así puedo explicarme tal cortedad de miras o tal falta de pudor o, tal vez, simplemente, tal grado de estupidez. La cárcel ¿lo mejor para quién?

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Asiento con ventanilla

La madre de Hassana era, precisamente, una de las que nos estaba esperando al otro lado de la ventanilla del avión, no literal, claro. Todo lo que nos aguardaba tuvimos que imaginarlo, ante nuestros ojos incrédulos sólo estaban la arrogancia, la soberbia y la dictadura. Si no fuera porque la situación no era para mucha risa, la verdad es que toda aquella puesta en escena parecía sacada de una peli de los 60, de actores malos previsiblemente caracterizados para hacer de policías malos. Sus gafas, sus mostachos, sus barrigas, su naftalina… Juraría que a alguno hasta se le podría distinguir la caspa, pero no tuve oportunidad para fijarme tanto, que ya me la jugué lo suficiente grabando.

Bueno, vale, sólo grabé una vez que el vice-alcalde, el único que vestía traje regional, emprendió la retirada; no soy tan valiente y sentados, tal y como nos ordenaron, dentro del avión, con los pasaportes requisados y unas acusaciones no muy gratas de no ser neutrales y, por tanto, no ser muy bien recibidos, mi situación en primera línea de frente del susodicho señor con vestido y barba no aconsejaba andarse con caralladas. Al fondo del avión, el presidente regional; haciendo bulto, algunos concejales y próxima a una ventana de emergencia una impoluta azafata que, en medio del desconcierto, nos dijo: ¿Pero no va a pasar nada, verdad?, ante lo que yo le pregunté ¿pero no habéis vivido esto más veces?, que obtuvo un no por respuesta, salvo en una ocasión, pero en Mauritania.

Dieron igual los argumentos, no importaron las acusaciones de si acaso tenían algo que ocultar, les resultó un dato menor que los interlocutores fuesen parlamentarios escogidos democráticamente por el pueblo, nosotras ni mencionamos que éramos periodistas: “si quieren volver a intentarlo háganlo a través de su Ministerio de Asuntos de Exteriores” mientras, váyanse por donde han venido, vinieron a decirnos.

Yo me pedí un sandwich de bonito, el de pollo ya me lo había comido antes, y mientras giraban las hélices creo que entendí un poco mejor el cinismo de Rick y sobre todo del capitán Louis Renault  en Casablanca, película en la que, por cierto, un buen número de los extras y de los personajes en roles menores eran auténticos refugiados. Ahora sólo sueño, soñamos con volver. El viaje fue como el principio de una hermosa amistad, con ese pueblo, con esa lucha. Estamos obligados a hacerlo, además, aunque sólo sea para poder probar las galletas que nos había preparado la madre de Hassana con el mismo amor y el mismo mimo como si fuese su propio hijo el que fuese a disfrutarlas.

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Hassana contagiando su sonrisa a parte de la delegación. Digan Patata, no digan Sáhara Libre

 

 

 

 

 

 

 

 

En primera persona

Regreso precario

Con la cara lavada. Chamartín.

Si no fuera porque, aunque esté mal que yo lo diga, casi siempre voy ideal, incluso de zarrapastrosa, en estos momentos me sentiría como Cenicienta y su calabaza. Regreso a “provincias” en un tren que pagas como Ave y padeces como carrilana, después de haber pisado alfombra roja, como quien dice; y no para contarla, sino para vivirla.

Habrá quien me llame “colonizada”, pero qué quieren que les diga, lo de la lluvia es arte, pa’el  que le guste, a mí denme asfalto, chaparrones en vez de orballo y amplias avenidas. Eso sí, un poquito más de generosidad en las cañas también se agradecería, que lo suyo son más bien cortos.

Hace exactamente un año, Madrid acudía al rescate para insuflarme algo del oxígeno que me faltaba en una casa que, tras un año de talento a la fuga, ya no reconocía. 366 días después –que 2016 es bisiesto- ya no necesito respiración asistida, pero soy adicta. Quizás por los efectos del dióxido de nitrogeno y mi tendencia a lo tóxico, tal vez por el anonimato o a lo mejor porque aquí me resulta más fácil la empatía.

Este desarraigo, no obstante, es un desapego más vital que identitario. Por eso, cuando Infolibre anunció el acto por la Libertad de Expresión que celebró el pasado fin de semana en Madrid, tuve la osadía de proponerle a su director, Jesús Maraña, que también nos diera la palabra; aunque las reivindicaciones, obviamente, sean las mismas en gallego, en catalán o en euskera; en Murcia, en Asturias o en Valencia.

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Foto Infolibre

La propuesta sirvió no sólo para demostrar que Infolibre es un proyecto plural, informativa y territorialmente, sino para poner encima de la mesa, o mejor dicho, encima del escenario, la situación de precariedad en la que desarrollan su trabajo los y las afortunadas que, al menos, aún cobran algo a final de mes. La suya y la de quienes ni siquiera alcanzamos esa condición, por estar directamente en el paro. Se oyó este testimonio y, además, en palabra anónima, que a veces es una forma más próxima y realista de hacer llegar un mensaje.

Xosé Hermida, de El País, escribía en la declaración del 3 del Mayo del Colexio de Xornalistas de Galicia que “pedir por nosotros -los periodistas- es pedir por todos -por la sociedad-“, de ahí la importancia de la celebración de actos como el del pasado sábado en el Teatro Maravillas. Del acto y del manifiesto con el que concluyó: Ni una palabra de más ni una palabra de menos. Por un pacto entre periodistas y lectores, escenificado entre Maraña y Luís García Montero, presidente de la Sociedad de amigos de Infolibre.

Eu son Balbino

Llegué enfundada en mi boho-chic, con carpeta corporativa y una mentira piadosa sobre la duración de mi texto, pero ¡qué coño! era mi/nuestro minuto de gloria y como dijo Juan Luís Cano, “a ver quién tiene huevos para cortarnos en un acto a favor de la libertad de expresión”. Era lo suficientemente temprano como para poder comprobar que hay gente todavía más atacada que yo. Ya, mal de muchos consuelo de tontos, pero a mí ese momento me ayudó mucho a la hora de semi relajarme, igual que constatar que, realmente, desde el escenario, con las luces, no ves al público. Una de cal y otra de arena, porque al no ver, quizás resultasen ridículas las ocasiones en las que intentabas no leer y buscar su complicidad y respuesta.

Intervenir después de Emilio Lledó y de Edwy Plenel, sabiendo que, después de ti lo harán Soledad Gallego Díaz, Manuel Aguilar e Iñaki Gabilondo (este vía vídeo), no sólo hace que se te corte la respiración, que te encomiendes a todos los santos y dioses para no caerte entre los tacones y el largo del vestido, sino que te entren ganas de empezar la intervención diciendo: Ola, eu son Balbino, un rapaz de aldea. Coma quen dis, un ninguén e ademais, pobre (Memorias dun neno Labrego, Neira Vilas. Editorial Galaxia)

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Teatro Maravillas. Visión borrosa

Como dice Maraña, una cosa es ver desde bambalinas o desde el escenario, otra desde las butacas –si no actúas, claro, porque yo estuve cegata en todos los formatos– y otra desde el ordenador. Así que, salvé la dignidad en las escaleras y creo que también ante el atril; ya no tanto fuera de plano, donde si no fuera por los chicos de la Revista Mongolia y la birra que les tiré por el suelo, mi forma de temblar habría sacudido los cimientos mismos del teatro.

Edu Galán y Darío Adanti ponían el punto de humor con una representación de un fragmento de Mongolia, el musical, que el próximo 26 de Mayo volverá a los escenarios de Madrid, a Teatros Luchana.

Su presencia estaba justificada porque si la libertad de expresión ya vive horas bajas en la información “seria”, qué decir de la situación que viven quienes comunican a través de la broma, del chiste o de la ironía. De hecho, la idea de celebrar este acto nació tras el caso de los titiriteros encarcelados por un delito de enaltecimiento del terrorismo por la obra La Bruja y Don Cristobal, explicó el director del diario. Estos artistas aún están en libertad con medidas preventivas, de ahí que haya sido la madre de uno de ellos, de Raúl García, la que leyera un mensaje en nombre de ambos, denunciando que “la información abunda pero la verdad escasea” .

Coincido con Edu cuando abrió su actuación… haciendo amigos: “Hola, soy Edu Galán de Mongolia y quiero hablar como han hecho otros antes de mi intervención con la trascendencia que el tema requiere. Como a muchos de vosotros en la sala, a mi no me gustan los títeres. De niño, me asustaban. De joven, los tenía en el mismo cajón que los mimos, los tunos, los clowns o la batucada. Y de adulto, cuando me enteré de que habían detenido a dos titiriteros, pensé “Hostia, ¡por fin!”.

La presencia del maestro de títeres británicos Rod Burnett, representando el clásico de títeres de cachiporra Punch y Judy, nos reconcilió con el género. Bueno, le reconcilió a él porque yo reconozco que tuve que ausentarme un rato pues aún no había recuperado al cien por cien el aliento.

Tíos y tías

Ya me gustaría tener el aplomo de Gallego Díaz, quien además puso el punto 2.0 a la fiesta leyendo su intervención directamente desde el Iphone y cómo he envidiado a Forges, del que ya conocíamos su talento, pero que, además, ha demostrado que también los hombres, algunos, por lo menos, pueden hacer varias cosas al mismo tiempo: improvisar una viñeta, reivindicar el derecho de los artistas jubilados a seguir cobrando y protagonizar, junto a Maraña, un pequeño momento digno de los “mongoles”, como se le oyó decir por lo bajini a García Montero, sentado en ese momento sólo unos asientos más allá del mío. Sí, lo siento amigo, hasta en una situación nivel 4 de estrés o histeria consigo que no se me escapen todas las anécdotas 🙂

Música, poesía y activismo

Superamos la hora y media del tiempo previsto, conste que yo sólo contribuí en tres o cuatro minutos al desajuste, podría haberme extendido más; ya echada al monte, hubo un momento en el que me vi reflejada en no sé qué sitio y, entre el vestido y mi proclama: Diguem No, me dio la risa y pensé: sólo me falta pillar la guitarra y cantar a Raimon a lo Joan Baez.

No me atreví, los únicos ojos que distinguía mientras hablaba eran los de Miguel Ríos y sabía que en la sala estaba Carmen Linares, así que mejor dejarlo como estaba y escucharlos a ellos, que se decidieron por Oración, de García Montero, en el primer caso y por Silbo del dale, de Miguel Hernández en el caso de Linares.

La música, el activismo y la poesía pusieron el punto y final a la función, que nos dejó  deberes para hacer,  a través de ese Pacto entre periodisas y ciudadanos “sobre el que hay que correr la voz” porque “hace mucho tiempo que deberíamos haber dicho basta”, argumentó Maraña.

Sin carroza pero con los dos tacones

Con la cabeza ya ideando los próximos bolos, aún a riesgo de que, por hablar, me vuelvan a subir a un escenario, acabo esta Crónica en primera persona a bordo de una calabaza, pero con los zapatos intactos. Se agradecen todos los piropos, pero ya sabéis que yo soy muy de las madres y muy de los emigrantes, así que la felicitación de una mujer que me grabó para envíarselo a sus hijos, ambos periodistas, que trabajan de camareros en Bristol me parece motivo suficiente para saber que todo esto ha valido la pena. Mi inseguridad, mi miedo y su esfuerzo, el de todo el equipo de Infolibre, creo que se han visto gratamente recompensados.

Por eso, sentada de vuelta a Mordor en el vagón número 8, al que tuve que acceder por el número 7 porque la puerta del mío estaba rota; en la butaca 9 A de un grupo de cuatro, con una serie de frikis que me ofrecieron todo tipo de píldoras de colores para calmar los nervios -yo que pensé que ya sólo transmitía paz y amor- me siento sólo media Cenicienta. Sin carroza, pero Con los tacones puestos. Y feliz.

DIGUEM NON-Definitivo Texto íntegro leído en el acto de Infolibre por la libertad de expresión

 

Desde el minuto 25.50, la intervención

De bien nacidos es ser agradecidos así que, ¡firmes! 

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Tengo que dar las gracias, y no necesariamente por este orden, a:

Infolibre, por la información libre e independiente

Jesús Maraña, no sé si decir “por su entusiasmo o “a pesar de” con mi propuesta 🙂

García Montero, porque, lo siento, es Dios y tenía que decirlo.

Ramón Lobo  porque su naufragio fue mi rescate (y a María, por obligarlo a naufragar)

Fran P. Lorenzo, porque sin su manifiesto me habría resultado imposible redactar el relato colectivo

Sol Martínz-Fortún, que siempre está ahí y, además, aparece en el momento justo en el lugar acertado. Sin ella saberlo, abrí su último correo en pleno colapso ante el reto que se me planteaba. Su fe ciega en mí tuvo mucho que ver a la hora de atreverme a dar el paso.

Edu y Dani porque se han comprometido a regalarme la entrada para el musical el  día 26 y yo ni perdono ni olvido; que ya sabéis que todo esto, además, lo hemos hecho de gratis, por coherencia con eso de la libertad y tal, así que majetes… ya estáis apoquinando 🙂

Foto Mongola

Libres 🙂 Foto Benito Zambrano para Revista Mongolia

 

 

Estoy de saldo

Me he ido de rebajas. Sí, sé que no debo -realmente no puedo- y soy consciente de que este post me puede costar la concesión del subsidio Prepara, pero necesitaba darme una alegría. En mi defensa alegaré que no he invertido ni la décima parte de los mil euros que una señora del Barrio de Salamanca confesó haberse gastado en respuesta a una pregunta de Thais Villas para un reportaje de El Intermedio. Que no digo yo que si tienes pasta no hagas con ella lo que te salga del coño pero vaya, que tal y como está el país y tal y como está el mundo quizás deberías de tener un poco más de recato a la hora de hacer determinado tipo de declaraciones públicas. ¡Pero con los ricos hemos topado!

Mi presupuesto se ha adaptado a ese momento del mundo Inditex de: “todo a 5,99” o a “7,99”, pero conste que no tanto porque las circunstancias no me permitan mayores despilfarros, sino porque es cuando mejor se compra si lo que realmente quieres es un capricho que te levante un poco la autoestima que el SEPES se ha vuelto a cargar. Es ese momento en el que aparecen las prendas que nunca has visto, tal vez porque provengan de otra tienda o porque realmente son de otra temporada, algo ilegal, todo hay que decirlo. El caso es que, por lo menos, no saldrás a la calle uniformada, aunque sí algo avergonzada, porque por muy diferentes que sean tus compras, el Made In… tendrá un mismo denominador común, el de la explotación y nuestras contradicciones.

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Aimara y el dentista

El año y la legislatura han acabado con la trampa estadística de menos paro pero también menos trabajo. Y el año ha comenzado con más de lo primero, con un repunte del desempleo. En este escenario, yo he agotado mi prestación, ingreso en la categoría de parada de larga duración, aunque en mi caso no sea exactamente así, pero el año en Ecuador no cuenta a estos efectos. La verdad es que es una sensación extraña. Es un vértigo nuevo el que te invade, aunque tengas recursos para aguantar un tiempo. La frustración, la angustia y la impotencia que has sentido hasta ahora se multiplican en el mejor de los casos, cuando no te paralizan. Y tienes miedo a ir al dentista. No, no es una licencia literaria, es la realidad que el otro día contaba Aimara en la Cadena Ser, que es coma la realidad de todos. Supongo que porque el dentista no está en la Seguridad Social, quizás porque dentro de los mil y un imprevistos que te puedan surgir y a los que no podrás hacer frente, el subconsciente se impone y elige el dentista como metáfora del pánico, porque es una de las experiencias médicas más desagradables.

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Cuando oí su testimonio en la radio sonreí y comencé, instintivamente, a comprobar con mi lengua que eso que se intuye como un principio de caries en la muela izquierda es sólo eso, un principio o una obsesión.

Serotonina y orfidal

Escribo esto desde una sala de espera, pues si alguien ha salido beneficiado de la crisis es, sin duda, la industria farmacéutica. Una señora me pregunta si soy escritora, porque ella sí lo es pero la musa sólo se le aparece a las seis de la madrugada. Su primera novela tiene un único protagonista, su perro Bruno, y la última, inacabada, tiene 20, la principal: una monja borracha. No la busquéis en las librerías, porque hasta donde entendí se autoedita y no vende todo lo que le gustaría pero, como la señora del Barrio de Salamanca, se puede permitir no dedicarse a ninguna otra cosa para vivir, sólo que ha preferido la literatura a las compras. Ella entra antes que yo en la consulta, desconozco su mal, aunque claramente no tiene nada que ver con el mío. Yo, como una más de esos cuatro millones de individuos que somos noticia cada primeros de mes, necesito química que me tranquilice y serotonina que supla la alegría que antes me daban poder viajar o comprarme algún vestido de temporada. Hoy, además, creo que me voy a saltar la prescripción y va a caer un orfidal de más porque no entiendo nada.

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Pasen y vean

Pese a lo mucho que le ha gusta al gobierno criminalizar el paro y considerarlo un chollo del que solo se aprovechan vagos y maleantes, que pretenden vivir a la sopa boba a costa del Estado, convendría recordar un par de cosas. Primero, que es un derecho adquirido por lo que cotizamos y los impuestos que nosostros SI hemos PAGADO durante nuestra vida laboral. En segundo lugar, invitaría a sus señorías a sentarse, simplemente sentarse una mañana entera en una oficina del Inem a ver la vida pasar. Porque la vida pasa más por allí que por los corrillos del Congreso o de la Moncloa, créanme. Se trata sólo de observar, sobran las palabras, sobran las preguntas para poder recrear la realidad que se oculta tras cada cita previa.

Yo suelo acudir con mis mejores galas porque me encanta comprobar cómo funcionan los prejuicios y la indiscreción. Cómo te escrutan de abajo a arriba y de arriba a abajo porque no cumples con el estereotipo, con el perfil estético que se nos ha asignado.

Tres acciones y a vivir

El caso es que tras más de 600 días currando en eso que llaman búsqueda activa de empleo, que es un poco como la labor de las amas de casa, un trabajo arduo, apenas valorado, poco gratificante y no remunerado, y resulta que es ahora cuando te tienes que registrar en portales y ETTs. Es sólo ahora cuando tienes que mover el culo, en el período de los dos meses posteriores a la finalización de la prestación; moverlo y justificar que lo has movido. Por ejemplo, que el propio gobierno te ha incorporado en un programa de Recolocación en Noviembre, tienes que pedir a la agencia correspondiente que cambie la fecha de registro y conste con día de hoy o apuntarte tú a una nueva. Que quizás tengas una entrevista después del día 21 -mi fecha límite- quedaría fuera de la solicitud. Se trata de demostrar que has realizado tres acciones:

-Trabajo de 1 día cuenta como 1 acción

-CVs son 1 acción cada tres, a empresas distintas, obviamente

-Inscripción en dos portales suman también 1 acción (etc)

A partir de ahí, una vez concedida…  acuérdate de poner el cuño a la tarjeta y después, como si te la quieres rascar a cuatro manos; digo yo, porque el sistema mucho seguimiento no va a hacer y mucha preocupación y orientación laboral tampoco te va a ofrecer. Lástima no haberlo sabido antes y lástima ser tan responsable, porque está claro que lo de buscarte la vida desde el día uno que te quedas en la calle no entra en la cabeza de nuestros gestores.

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Mis cropped son los de la derecha pero, obviamente, no son de Chloe, 7,99 insisto

A falta de gobierno, súmate al cropped

Estos días en los que damos vergüenza ajena por nuestra incapacidad para desbloquear la formación de gobierno, yo sí he vivido mi desbloqueo personal con la lectura, uno de los daños colaterales del estado de inestabilidad y decaímiento al que te puede llevar no trabajar. Y como no tengo término medio, me he dejado los ojos y el sueño en páginas y páginas de buena literatura. Casualidades de la vida, pero fueron varias las citas en las que se referían a la pérdida del empleo como otro tipo de muerte, aunque haya sido por decisión propia. Porque no se trata sólo de la subsistencia, de lo material, de lo más inmediato: cubrir las necesidades básicas, se trata de mucho más.

Pero como también decía mi bien querido Ramón Lobo, sólo perdí el trabajo, no el sentido de las cosas, así que, con su permiso, pongo punto y final, me visto de estreno y me voy a tomar una caña que, con dignidad, nadie se va a dar cuenta de que voy de saldo.