Negreira es cool

Reedito esta entrada aunque no la recordaba así, tan vigente y, al mismo tiempo, tan lejana. Conste que creí que era mucho más explícita y que, por tanto iba a ser mucho más compleja la “adaptación” a la nueva circunstancia. Quién sabe. Quizás mi subconsciente, cuando la escribió, ya preveía un poco lo que vendría después. No en vano, fue ese día y en ese lugar donde se gestó, en cierta manera, la aventura transoceánica. El punto de inflexión de quién fui y de quien soy.

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Volví de aquella experiencia allende los mares ligera de equipaje. La economía de las emociones, que tan bien definió Julia, mi prima, mi lojafamilia. El que quiso estuvo y el que no, se quedó en el camino.

Hay quien nunca entenderá que “estar” no significa necesariamente una presencia física, un mensaje, una llamada. Hay muchas formas de hacerse notar, pero sólo hay una manera de decir: me bajo y esa es la de exigir y la de juzgar.

Quien sí hizo el trayecto completo, el de ida y vuelta, fue Beatriz Herraez, el corazón de Casa Suárez, pese a que nuestra única relación venía nada más o nada menos de ser la anfitriona perfecta de mi entrada en los 40; eso sí, gracias también a la teoría de los seis grados de separación y a uno de los productores del evento.

Una vasca lista, cool y guapa que con profesionalidad y un gallego perfecto consiguió metérmela doblada mientras subía, inocente y cabreada, al comedor donde, escondidos, me esperaban buenos amigos y otros que hoy son fantasmas.

Recuerdo su complicidad, su sonrisa y su outfit, lo que sumado a todos los detalles del local ya me hicieron presagiar que aquello iba a ser el comienzo de una gran amistad, de hecho, a unas semanas del embarque, volvimos a aquel jardín, a aquellas anchoas, a aquel buen hacer para llevarme el mejor sabor de boca al otro lado del charco.

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Casa Suárez era un poco como las bicicletas, para el verano o para cuando comienza y termina esa estación tan preciada como escasa. Para poder disfrutarla en todo su esplendor, dentro y fuera, como si estuvieses en tu casa, los que tenéis aldea, vaya.

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Hoy, lejos de todo el glamour que rodeó a aquel día, mientras aún tengo el albal del tinte en la cabeza, leo que cierran sus puertas. Se me agolpan los recuerdos. Me crujen las tripas porque, además, no he comido, y la chica que me hace la manicura me pregunta si siempre soy tan nerviosa porque es incapaz de que relaje mi mano para poder extender con precisión el exfoliante.

Los amantes de la restauración y los que tuvisteis la suerte de disfrutarla, como yo, estaréis conmigo en que no sólo era un lugar, “eso es lo que queríamos transmitir”, me cuenta Bea, y por eso echan el cierre algo más felices, con la satisfacción de haberlo conseguido.

Nunca me he fijado en si es piscis, y eso que le he felicitado el cumpleaños. Da lo mismo, es igualmente una mente inquieta, como yo; así que me consta que, en breve, nos sorprenderá con otra gran propuesta. Mientras, me quedo con sus reflexiones sobre el ayer y el hoy:

“A vida é iso, como unha viaxe con paradas, subidas e baixadas. Compartendo tramos. E ás veces hai viaxeiros que suben e baixan, outros están no vagón case dende o principio e logo están os que só van de apeadero en apeadero. Nosoutras atopáremonos en breve na próxima parada :)”

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HACE DOS AÑOS

piruletas cumpre

Me gusta eso de empezar la casa por el tejado, supongo que es una cuestión de prioridades, pero entre mojarte y que se te rice el pelo o mantenerte en pie gracias a unos buenos cimientos yo me quedo con lo primero 😉

Además, son tiempos de deshaucios así que iba a dar igual el tipo de construcción que eligiera, más pronto que tarde el banco me empujaría por las escaleras.

Cosas de ser parada de larga duración y de serlo, además, a los 40.

Ese punto de intersección entre conjuntos vacíos -a mí, que nunca me han gustado las matemáticas- desde el que tienes que despejar incógnitas. Difícil ecuación, ni eres demasiado joven para una beca ni demasiado mayor para un mínimo de subsistencia.

 

Hay quien opina que son unos años con “muy mala prensa porque tienen la ventaja de que desaparece el acné”,  pero aparecen las arrugas, obvió añadir el autor. En lo que igual sí lleva razón es que esto de su mala fama es cosa del cine. Lo que, la verdad, me tranquiliza porque ya me daba también por deshauciada, maritalmente deshauciada. Que no es que me quiera casar, ¡quietos todos!, pero sí, siempre soñé con vestir un traje de novia y, según Vogue y Carrie Bradshaw, los 40 es la última edad en la que puedes dar el pego de blanco y organza.

Lo pienso y Sex in the City, mal que me pese, es de esas películas que tendré que  incluir como respuesta a uno de los cuestionarios Proust que complete cuando ya sea celebrity, porque buena parte de mi historia sentimental en estos 40 años está secuenciada por cada estreno.

¿Celebrity o sólo Celeb?, preguntaréis; pero a unos días de que  llevemos tan sólo un mes de relación en las redes y estrenando los 40 que llevabais esperándome :), la respuesta  es obvia, ¿no?, entre otras cosas porque Anne Merkel…

!!!ya tiene taza propia!!!

taza anne

(Esta entrada y sin que sirva de precedente tiene un agradecimiento, a los organizadores e invitados a Negreira es cool, y una recomendación, que en lo de la restauración también hay tendencias, Casa Suárez, lo bien que lo pasamos, lo bien que comimos, lo …. que bebimos y lo que lucen sus camelias en mi piso)

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Entender

Johnny-Guitar

Me llamo Marina Vienna. Marina por parte de madre y Vienna, de padre. Respondo indistintamente a ambos nombres en función de quién de los dos me reclame y, hasta el momento, tal dualidad no me ha afectado para nada en lo psicológico. No soy dos personas en una, ni tras el divorcio hubo ninguna escena que hiciera justicia a por qué realmente me llamo así; un Duelo al sol en el que ambos se pelearan por amor –por el mío, en el caso que nos ocupa-.

La discrepancia a la hora del registro sí que quizás debería haber hecho presagiar que aquella relación no iba a a acabar en una familia de tres, pero ni eso. La jueza de guardia era otra apasionada de la famosa escena al amanecer con la que concluye la película, de ahí que ni le re-preguntara a mi padre a la hora de apuntarme y que, además, lo hiciera correctamente a la primera: con uve y con dos enes.

joan crawford

Todo esto, obviamente, me lo han contado, pero yo me lo creo y no sólo porque al comprobar mi partida de nacimiento no haya ninguna corrección a base de típex o de tachón en el documento, sino también porque me interesa; un nombre raro siempre da mucho más juego a la hora de la socialización.

Es difícil, no obstante, hacer entender a mis compañeros de la ESO quiénes fueron Nicholas Ray, Joan Crawfod y Mercedes MacCambridge. Es hasta difícil explicarles qué es el Wéstern, por más que casi todas la clases nos las pasemos haciendo el indio. Y ahí sí es cuando me siento una rara avis, cuando la situación, a veces, me incomoda.

duelo al sol

Quien más quien menos somos hijos casi todos de padres separados, pero yo me salí de la norma. Distinto sería si al llegar el lunes alterno, el que le sigue al domingo del fin de semana que te ha tocado con papá, pudiese hablar de noches de pizza y tablet. Pero yo hablo de Jonny Guitar.

Un día quise innovar, dar un salto en el tiempo y pasar del cine de los cincuenta al de 1986. Todos conocemos a Almodóvar, pensé. Ignoraba, ingenua de mí, que conocer conocer sólo lo conocen de nombre, un poco como le pasa a la mayoría de los adultos conmigo, que dicen que sí pero realmente cuando pronuncian Vienna piensan inmediatamenten en la capital de Austria.

Fui más ingenua todavía y les hablé de que ese fin de semana había visto Matador, una de las primeras películas del manchego; precisamente porque en ella hay una escena en la que los protagonistas, a su vez, están viendo el final en tragedia de una historia de amor que también acaba en uno de esos duelos que tanto le gustan a mi padre. Y por primera vez interactuaron y lo hicieron presumiendo -o eso pensaban ellos- de falta de ignorancia:

-Hostia, pero entonces, tu padre es maricón!

Les dediqué un suspiro por respuesta y lamenté que no entiendan, entre otras muchas cosas, lo que es el Wéstern.

Este post está dedicado a las últimas víctimas de agresiones homófobas en Madrid y a ese otro tipo de víctimas colaterales que sufren la incomprensión o la burla por la falta de un sistema educativo que realmente contribuya a formar personas críticas y tolerantes, verdaderos ciudadanos para un futuro de libertad y de igualdad.

Quiero dar las gracias al verdadero “dueño” del origen de esta historia por haberme dado el permiso para hacerla pública y por todo lo que me enseñó cantando en bucle: 

Políticamente incorrecta

bar carretera

A veces me gustaría ser camarera. Una de esas de coleta alta que sirven aguachirle en una cutre-cafetería situada en el medio de la nada. Una instalación de hojalata donde preservar el anonimato al amanecer y donde aliviar la sed y el hambre tras quilómetros y quilómetros de carretera desierta y asfalto derretido por el sol norteamericano.

Me imagino en una de esas escenas porque siempre aparece un cazatalentos que cambiará la vida aceitosa de la pobre chica por una carrera de éxito en lo que realmente es su vocación, actriz o modelo, en casi todos los casos.

Yo soy periodista, comunicadora social, organizacional, comunity, bloguera, marketerauna pringada, vaya, así que, de protagonizar una de esas road movies, me quedaría como estaba, es decir, con la coleta puesta. No me arrepiento, no obstante, de la profesión que he elegido.

Me sienta bien el pelo recogido, además, y no se me caen los anillos por servir mesas, pero sí me frustra un poco, como en el caso de esas chicas, que el sistema nos condene a depender más de lo que decida un guionista de cuestionable pelaje que de nuestra historia profesional y vital; por mucho que inviertas en el mejor de los coach o en toda esa filosofía barata del renacer, la reinvención y el encontrarse a una misma.

Por eso he decidido dejar de escribir cartas políticamente correctas. Porque desconfío de su destino. Porque quiero trabajar, no competir; quiero que me descubran, no que me señalen con el dedo; quiero que me encuentren, no venderme; quiero aportar lo que conozco, no lo que desean oír; y porque si presento mi candidatura a un puesto será porque sé que puedo hacerlo, ¡qué coño!, que estar en el paro no significa no tener más cosas en las que invertir el tiempo.

Para comprobar que cumplo los requisitos exigidos y que encajo en el perfil está el curriculum; pero si, después, lo que necesitan o contratan nada va a tener que ver con lo que demandan, no me toquen, desde antes, los huevos.

Moléstense también un poquito en ir algo más allá. No porque los CV creativos sean marca España sino porque una relación de datos con muchos éxitos y ningún fracaso no dan la medida de nada, ni de la cualificación profesional ni de la humana. Yo no me fiaría ni un pelo, vaya, y  si no miren para las redes sociales y después comparen la vida digital con la analógica y no me digan que no se mueren de terror y de tristeza.

Eviten también las preguntas capciosas tipo: ¿dónde te ves dentro de cinco años? o ¿qué te define más, el orden o el compañerismo? primero, porque no son capciosas, son, simplemente, estúpidas y segundo… pues por lo mismo, con perdón de los psicólogos que se pasan cinco años venga a chapar para acabar redactando este tipo de cuestionarios, que casi prefiero lo del bar.

Necesitan, realmente, una presentación que transpire algo de hoja de vida. Respirar un poco la esencia de la persona no su cliché. Sus sueños, sus miedos y sus frustraciones también, por más que los manuales del perfecto “reclutado” prohíban, con su lenguaje Happy Flower, una negativa por respuesta.

Me gusta –y necesito- trabajar. Soy una enamorada de lo que queda de mi profesión, pero no me fío de ustedes, los Señores RR.HH. Ya sólo las siglas imponen, que en vez de a una entrevista parece que fueras/n a sacarte sangre. Será porque la H es muda y por eso hasta ustedes mismos reconocen que aún están a años luz de ejercer su trabajo teniendo a la persona, es decir, al Humano, como centro de su oficio.

En cualquier caso, reitero, necesito currar. Sé, además, que lo valgo y me lo merezco y, sobre todo, como chica de barra  que también soy, creo que ya me va tocando ser la que invite a las cañas. Y eso, siempre, mejor con la melena suelta 😉

bar de carretera

Atentamente,

Un beso con lengua (que ya advertí que iba a ser incorrecta)