Entender

Johnny-Guitar

Me llamo Marina Vienna. Marina por parte de madre y Vienna, de padre. Respondo indistintamente a ambos nombres en función de quién de los dos me reclame y, hasta el momento, tal dualidad no me ha afectado para nada en lo psicológico. No soy dos personas en una, ni tras el divorcio hubo ninguna escena que hiciera justicia a por qué realmente me llamo así; un Duelo al sol en el que ambos se pelearan por amor –por el mío, en el caso que nos ocupa-.

La discrepancia a la hora del registro sí que quizás debería haber hecho presagiar que aquella relación no iba a a acabar en una familia de tres, pero ni eso. La jueza de guardia era otra apasionada de la famosa escena al amanecer con la que concluye la película, de ahí que ni le re-preguntara a mi padre a la hora de apuntarme y que, además, lo hiciera correctamente a la primera: con uve y con dos enes.

joan crawford

Todo esto, obviamente, me lo han contado, pero yo me lo creo y no sólo porque al comprobar mi partida de nacimiento no haya ninguna corrección a base de típex o de tachón en el documento, sino también porque me interesa; un nombre raro siempre da mucho más juego a la hora de la socialización.

Es difícil, no obstante, hacer entender a mis compañeros de la ESO quiénes fueron Nicholas Ray, Joan Crawfod y Mercedes MacCambridge. Es hasta difícil explicarles qué es el Wéstern, por más que casi todas la clases nos las pasemos haciendo el indio. Y ahí sí es cuando me siento una rara avis, cuando la situación, a veces, me incomoda.

duelo al sol

Quien más quien menos somos hijos casi todos de padres separados, pero yo me salí de la norma. Distinto sería si al llegar el lunes alterno, el que le sigue al domingo del fin de semana que te ha tocado con papá, pudiese hablar de noches de pizza y tablet. Pero yo hablo de Jonny Guitar.

Un día quise innovar, dar un salto en el tiempo y pasar del cine de los cincuenta al de 1986. Todos conocemos a Almodóvar, pensé. Ignoraba, ingenua de mí, que conocer conocer sólo lo conocen de nombre, un poco como le pasa a la mayoría de los adultos conmigo, que dicen que sí pero realmente cuando pronuncian Vienna piensan inmediatamenten en la capital de Austria.

Fui más ingenua todavía y les hablé de que ese fin de semana había visto Matador, una de las primeras películas del manchego; precisamente porque en ella hay una escena en la que los protagonistas, a su vez, están viendo el final en tragedia de una historia de amor que también acaba en uno de esos duelos que tanto le gustan a mi padre. Y por primera vez interactuaron y lo hicieron presumiendo -o eso pensaban ellos- de falta de ignorancia:

-Hostia, pero entonces, tu padre es maricón!

Les dediqué un suspiro por respuesta y lamenté que no entiendan, entre otras muchas cosas, lo que es el Wéstern.

Este post está dedicado a las últimas víctimas de agresiones homófobas en Madrid y a ese otro tipo de víctimas colaterales que sufren la incomprensión o la burla por la falta de un sistema educativo que realmente contribuya a formar personas críticas y tolerantes, verdaderos ciudadanos para un futuro de libertad y de igualdad.

Quiero dar las gracias al verdadero “dueño” del origen de esta historia por haberme dado el permiso para hacerla pública y por todo lo que me enseñó cantando en bucle: 

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