La fiesta de los maniquíes

LETRERO TAXI

Ayer pasé por el túnel de lavado. Pasó mi coche, se entiende, que una es punkarra pero aseada. Algo más de 13 minutos si escoges un completo y, la verdad, es que a Juan Luis  le hacía buena falta. Mientras esperaba, adopté la típica postura de gasolinera, que para eso lucía pitillo, taconazo y coleta. Apoyada de tal guisa sobre el surtidor, entrecruzando miradas furtivas con el chico del mono, no me preguntéis por qué, pero Pedro Sánchez fue lo único que se me vino a la cabeza.

Quizás la asociación de ideas tuvo que ver con los otros 13 minutos de espera, previos a los míos, durante los que los rodillos dieron cera y brillo a un coche de alta gama de un ex alcalde venido a menos de un partido venido a más. El caso es que como si fuera yo misma la que iba a ser emparedada por el robot higiénico e, imagino, presa de un ataque de pánico y claustrofobia, viví la experiencia como si se tratara de ese agujero negro por el que se supone atraviesas antes de cruzar al otro lado.  

Dicen y escriben -aunque la verdad es que nadie ha vuelto para corroborarlo- que durante ese tránsito haces un barrido, panorámica, secuencia… de los momentos más importantes de tu vida y a mí, pues me debió de pasar algo parecido pero con los mejores fotogramas del recién estrenado gobierno. Y nunca mejor dicho, lo de fotogramas, porque tanto criticar el plasma y mi memoria no ha seleccionado nada susceptible de hacerme sentir ciudadana, partícipe, co-responsable de ningún otro mundo real ni mejor ni posible.

Mi película

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Violar está de moda -pienso- Violar en grupo o en Manada. Te cuelas en Salsa Rosa; en titulares que se repiten en distintos medios, en diferentes localidades y aún encima prácticamente te sale gratis. Nos movilizamos, de forma espontánea, pero el cabreo apenas ocupa segundos del metraje y, además, la víctima estaba borracha. El patriarcado sigue campando a sus anchas. Pedro y Pablo son patriarcado, mal que les pese, pero son guapos, Pedro más que Pablo. Sin embargo no han entendido nada y se han vuelto a repartir los cromos en la cosa esta de lo público; por ahora o hasta donde sabemos, en la cosa de los medios, pero no importa ¿Cómo va a importar? Si muero de amor con el anuncio del bombo de la otra primera dama, de la Izquierda también, la dama de Garzón; con los estilismos de Iñigo en la Vogueparachicos y con los bíceps, tríceps… y no sigo que me pierdo del presi más macizo de España haciendo runnning por la Moncloa. Sánchez, el presi que también pasará a la historia por haber nombrado más Ministras que ministros y por saber hablar en inglés en las cumbres europeas. Sí, esas cumbres en las que se debatía con gesto simulado sobre el problema -que las palabras no se escogen en vano- de la inmigración, mientras 100 de esos nadie morían ahogados por falta de auxilio y de consenso, que lo que realmente estaba en juego era salvar a la Merkel. Como nosotros ya habíamos cumplido en Valencia… tenemos bula y no hace falta que lloremos estas pérdidas. Además, que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda, y con los demás miembros de la UE, todos a una Fuenteovejuna y acógelos en tu casa, pero nos marcamos un Alemania-España que a Angela le salva la coalición y a nostros… pues a nosotros nos regala otra foto de guapo guapo, aunque los titulares sean de pena, de mercadeo y  de xenofobia implícita.

Con lo de las tías nos colaron a Borrell, que todavía no ha dado mucho de qué hablar, no se ha puesto a desinfectar nada hasta el momento. Y nos colaron a un Marlaska que es gay, así que… lo demás está de más, el machismo de la justicia incluido. Jaulas de niños panchitos; granjas de úteros en riesgo de exclusión; recogidos reales con aires de los 90 ….  Argentina y Alemania fuera del Mundial y España que se salva por el gol de unas siglas, un tal VAR, que no tengo ni idea qué significa, sólo sé que no son las iniciales del nombre ni del apodo de Iago Aspas. Gallego. Sí, como Rajoy, como Feijóo y sus lágrimas, las que todos y todas atribuyen al pánico a Soraya como si el tiempo no pasara volando y el 2020 no esté a la vuelta de la esquina. Ya no sale en mi repaso Cataluña, o sí, que después de haberlos negado tres veces, como a Cristo, Pablo se dejó ver en Soto del Real, con Cuixart, que es de rollo así social; Estremera por ahora aún no toca. Lo sé porque lo vi en unas fotos, de un gran profesional, por cierto, el autor de la que ya será una imagen icónica: el adiós de Rajoy tras el K.O de la primera jornada de la moción de censura; el Km0; el día que comezó todo; el minuto 1 de esta secuencia, escena, barrido, fotograma…

-Señorita, son 9 euros

¿Pero ya han pasado 13 minutos? ¿ha sido mucho tiempo? ¿se me han pasado demasiado rápido? ¿Con la pinta de semifulana que llevo será un exceso decirle a este chico si me puede pellizcar?

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He salido de mi bucle confusa pero inmune, las cosas como son. Anestesiada. Porque yo también soy vouyer, espectadora, consumidora de una realidad surrealista como la descrita valga la redundancia o la cacofonía. Observadora pasiva y sumisa de una sociedad injusta, desigual y violenta en la que triunfa el sálvese quien pueda y en la que, sobre todo las mujeres, también somos carne picada.  

Empiezan las rebajas. Interpretad este post como queráis, como otra crítica o re-interpretación de Dhogs y, en concreto, de lo que significa la escena que casi nadie entiende o quiere entender de la performance del taxista, o como La fiesta de los Maniquíes. O tal vez como las dos cosas porque, quizás, en el fondo, todo sea lo mismo. Todo, mi barrenada y la de la performance no sean más que una metáfora de ese público que la película sitúa en primer plano como toque de atención, como espejo en el que mirarnos y avergonzarnos de nuestro grado de conformismo ante un mundo en el que permitimos que siempre haya alguien por encima de nosotros manejando los hilos. La asunción de la manipulación y el juego de control como una nueva zona de confort. O algo así.

The end.

Este Post es el desarrollo personal del reportaje publicado en Adiante.gal sobre la gira de Dhogs por las pantallas:  Cando o cine volveu ao cine 

Cine dentro del cine. El espectador como protagonista. La sociedad, pasiva y sumisa, como toque de atención.

 

NOTA: Fotos y trailer cedidos por la productora Gaitafilmes. Gracias infinitas por el material y la oportunidad de sumarme/nos (mi alter ego y yo) a Dhogs on the road!.

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Rajoy y el sexo

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Fuente: literante.wordpress.com

Rajoy me puso cachonda. Tanto es así que seguí el debate de la moción de censura literalmente en pelotas. Y diré más, me corrí como una perra y no una, sino varias y gustosas veces en el momento preciso en el que M Punto hablaba.

No fue premeditado ni -obviamente- tuvo nada que ver con alguna oscura fantasía o perversión oculta de mi subconsciente. Nada más lejos de mi líbido que follar con el paisano de cuerpo presente, como quien dice. Pero no sé, lo épico del momento, lo histórico y también lo metafórico nos condujeron a un polvo igual de épico, en el que los jadeos se confundían con los mantras tipo: España, ahora, va bien, en una sinfonía in crescendo que acabó ahogando con gemidos los argumetarios:  Yo o el caos, para desgracia del presidente caput y suerte de la que cabalgaba.

Es la primera vez, que yo recuerde, que me pudo el morbo a la estética, y no porque nuestros cuerpos tengan nada que desmerecer, al revés. Insisto, no sé explicarlo, sólo sé que la ocasión pedía sexo. De hecho, creo que lo que le hace falta realmente a este país es divertirse un poco más, liberar endorfinas. Si Mariano hubiera optado por echar un buen polvo en vez de mal jodernos a la mayoría, quizás su destino y su final hubieran sido bien distintos.

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eRecciones

Por eso, esta moción de censura nos ha pillado a todos como a Eva, al desnudo. A nosotros, porque nada mejor que desvestirnos para entrar casi vírgenes en esta especie de nueva era que, hasta hace nada, considerábamos inimaginable. Y a los de las manzanas podridas porque por fin se han destapado todas sus vergüenzas y han tenido que rendir cuentas sin poder encontrar ya la forma o manera para ocultar sus miembros, flácidos de tanto onanismo.

Nos habían castrado económica, social, culturalmente en los últimos meses, las últimas semanas, los últimos días. La deriva daba pavor, por represiva y, sobre todo, por su precipitación. No es que el recambio, desde el punto de vista nominal, por muy cachondo que esté o se crea, genere confianza ciega ni perspectivas de un mundo mejor, ni siquiera más justo.

Pero es el momento, la oportunidad en sí lo que no debemos perder de vista y lo que genera tanta excitación. Lo que anima, en definitiva, a desinhibirse y desatar lo que llevamos dentro, porque la belleza no siempre es garantía de follar bien, ni siquiera distinto, así que Carpe Diem y, de verdad, prueben, despidan a Mariano con un buen polvo y ya mañana me cuentan.

 

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Bien jodido

 

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Sí, he dicho bien, mañana. Sé que también he sucumbido, como los políticos, a lo de las promesas incumplidas y que el regreso a la tecla no fue con la constancia y disciplina comprometidas. Pero de esta va. Quizás es que me faltaba este empujoncito, un festival de fuegos de colores, el fin para un nuevo comienzo… y la moción de censura me ha venido como anillo al dedo.

Se abre, además, un período muy interesante donde es más que probable que tengamos que hacer varios trajes a medida; meter tijera para abrir algunas costuras y aprender el arte del pespunte para subirle a los bajos sin salirnos demasiado de la línea recta.

Una de las novedades que os propongo, de hecho, es un canal en youtube sobre las Geografías de la Precariedad. Los primeros vídeos con sus respectivas fichas estadísticas pertenecen a lo que se supone que, desde ya, es pasado. Andaremos y veremos cómo son los datos que acompañen a las gravaciones futuras 😉

 

Fuentes de las imágenes:

-Rajoy en hemiciclo (Cuenta IG de IsabelPodemos)

-Rajoy antigua (Redes)

 

El pelo del coño

No, esto no va de depilación brasileira, de rasurados o de felpudos. Esto va de lo que va. De cuando el pelo de tus partes se nos sube a la cabeza ¡Y ojo!, que nada más lejos de la metáfora. Se trata de la última ocurrencia de la Semana de la Moda de Nueva york que se celebra estos días: Las pelucas Vulva.

Tampoco. No se trata de postizos hechos con pelos íntimos, sino de unas bragas peludas de colores puestas a modo de tocados próximos a las crestas Punk o a los nidos de pájaro.

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Foto: El Periódico de Catalunya

No he tenido mucho tiempo para documentarme sobre el origen y motivo de esta creación -la actualidad manda y ya voy con mucho retraso- pero algo me dice que, quizás, lo del sombrero vaginal sea más un grito que una excentricidad. Una forma de sumarse a las reivindicaciones del 8-M, ahora que tan cerca estamos de la huelga de ovarios. 

He llegado a esta conclusión tras leer, primero, y ver, después, la frente despejada de Anna Gabriel desde Suiza. Y es que, en su caso, nada mejor que echar el flequillo a un lao para ratificar con gestos que lo que para algunos es escurrir el bulto para la mayoría es ir de cara. Es cierto, lo más seguro es que haya sido un cambio más político que estético, recuperación de su color natural incluida para suavizarle los rasgos, pero también toda una lección para acabar con clichés y estereotipos, como los que la hacían más en Cuba o en Venezuela.

Y ahí es donde se delatan el unionismo y la caverna, en que no se les pueden romper los esquemas y menos si es para tener que mirarse al espejo ¿Pero cómo, que esta sediciosa sabe idiomas, uno tan elegante y sutil, además, como el francés? ¿que se instala en países que son “paraísos reservados” para nosotros, el pulcro capital? ¿dios mío, si hasta podría ser una de las nuestras?

Patriarcado y clase social

Nos ha dado un poco la risa y la indignación que ciertos medios hayan hecho escarnio e madicer del susodicho cambio de look o, peor aún, que hayan limitado sus informaciones a la anécdota frente a los hechos vergonzosos y vergonzantes que nos han traído hasta aquí, a nosotros y a vosotros; y al país del reloj de Cuco, a ella.

Anna Gabriel se ha marcado un “dientes dientes, que es lo que les jode” en versión hair style y la peña ha picado. Tenía que picar porque son así de previsibles y cada día, además, menos disimulados. El problema de fondo no es, ni siquiera, estratégico o político en el sentido de un nuevo ridículo internacional para España, sino un problema de clasismo. Que rima con machismo, pues, al fin y al cabo ¿qué vamos a denunciar el día 8 y todos los días? Desigualdad.

Virgine Despentes lo explicaba muy bien en una reciente entrevista, aprovechando su estancia en Madrid. Se refería a su forma de entender el feminismo, de tal forma que la clase social está en el centro mismo del análisis, y ponía como ejemplo las críticas de la actriz francesa Catherine Deneuve a la campaña #metoo.

Si lees, por ejemplo, la carta de Catherine Deneuve contra el “puritanismo” del #metoo, te das cuenta de que es un texto en el que mujeres de la alta sociedad expresan la rabia de los ricos. Más que feminismo, ese texto ejemplifica hasta qué punto los ricos parecen estar molestos por el simple hecho de que las víctimas se quejen. Se podrá leer en claves diversas, pero para mí lo que refleja ese supuesto manifiesto no es más que un puñado de ricos que no soportan que ciertas personas traten de poner límites al ejercicio, según ellos legítimo, de poder que desempeñan sobre otras personas. Parece que el problema es nuestro como víctimas por no sabernos comportar como es debido y agachar la cabeza de forma obediente. Dicho de otro modo; no creo que una cajera de Alcampo suscriba ese mismo texto.

Pues en el caso que nos ocupa, en cierto sentido, pasa un poco lo mismo. Las mujeres de orden han descubierto que Anna es guapa y eso las saca de sus casillas. Sus hombres, estoy convencida,  hasta se han hecho pajas comentando la jugada: pues sí que estaba cachonda la catalano-jarraicita esta. Y Rajoy diría: pero zi era una chica normal.

Y así todo. Así de triste y de simple, mis queridos y queridas hombres, mujeres y niños. Incluso lo que nos parece una chorrada, a nada que rasques, deja en evidencia un estado, un gobierno, un sistema que se resiste a la normalidad. Un orden supuestamente natural en el que el patriarcado impone sus normas y estas incluyen no molestar a sus señoras con chicas de poca clase que, de repente, también pueden ser princesas; para colmo, tienen estudios y, además, se permiten el lujo de no necesitar un príncipe que las mantenga.

Jardín oriental

Algunas optamos por el flequillo por decoro, por no ofender demostrando los 7 cms de inteligencia que desbordamos entre el nacimiento del pelo y el de las cejas. Eso, y ocultar sutilmente algunas molestas manchas de nacimiento, vale, lo asumo. A Anna Gabriel, en mi opinión, no le favorecía, o es el corte de pelo, que no le acompañaba; pero para gustos, colores. Y para gestos, lo mismo.

De hecho, efectivamente, las famosas pelucas con las que comenzamos el post pertenecen a la colección Jardín Oriental del estilista surcoreano Kaimin. Se trata de unas piezas que  ya la usaban las prostitutas a principios del siglo XVII después de afeitarse los genitales y que se conoce con el nombre de ‘merkin‘ . Ahora, según leemos en las crónicas, el diseñador las ha recuperado para  “fomentar la igualdad“.

Todas las diferencias, incluso si no se comprenden completamente o no se está de acuerdo con ellas deben ser toleradas; todas las criaturas merecen espacio bajo el sol

Así que, si finalmente colocarse la vulva en la cabeza es una forma creativa y efectiva de reivindicación, pues bienvenida sea. Por esto, por Anna, por la democracia y por todo lo demás, el día 8: Huelga y libertad.