Se está acercando un día de abril

Levantarse y caer. Marcharse y regresar. Callarse y volver a hablar. La vida, en definitiva. Por eso este blog está tan lleno de ausencias… y de reencuentros. Porque como en el tango, el viajero que huye/tarde o temprano/ detiene su andar/ guarda escondida/ una esperanza humilde/ que es toda la fortuna/ de su corazón.

Me he puesto más arrabalera y sentimental que punki, pero las circunstancias obligan. Ha sido un tiempo, de nuevo, difícil para la tecla y la disciplina, pero no hay mal que por bien no venga ni mal que cien años dure, así que la nave vuelve a  su órbita. Cada quince días en un satélite llamado @LasRepúblicas, al que le debo agradecimiento infinito por lo evidente, pero, sobre todo, por haber llamado a mi puerta con mi palabra escrita como único aval. Cada los otros quince días, espero, en este mi espacio, en este Planeta Saturno que nació como tabla de salvación y que tanto me ha aportado a pesar de sus intermitencias. 

Aunque el relanzamiento se ha producido hace ya varios artículos, creo que Se está acercando un día de abril marca un punto de inflexión. Como me decía una buena amiga hace unos días, cuando un texto está escrito sobre la experiencia vivida, a huevos es un buen texto. Y en mis pinzas de colores libertarios, en aquella terraza de atarcederes de soledad y exilio, hay mucho no, TODO de eso, de jodida vida. Es un texto, a la vez, escrito para una fecha de valores que no pueden prescribir, aunque muchos intenten lo contrario. Es un regreso en el momento oportuno desde el lugar justo. Con carátula nueva, de visión pixelada porque es inmensa, universal, imparable…

Hoy, 14 de Abril, aterrizo de nuevo en las pantallas de los que así lo decidan. A algunos les leen y otras escribimos. No siempre soy capaz de que me parezca justo, lo reconozco, pero todos los días doy grazas porque estar del lado de los que escriben es un regalo y un privilegio.

 

 


 

Se está acercando un día de abril

He pintado como si gritara desesperadamente, y mi grito se ha sumado a todos los gritos que expresan la humillación, la angustia del tiempo que nos ha tocado vivir. Con la esperanza de llegar un día a construir un mundo en el que las culturas trabajadas por los pueblos ―como el alfarero hace su cántaro― sean cuidadas como el campesino cuida con amor la tierra y su semilla.

Sí, soy una inculta. Descubrí a Oswaldo Guayasamín hace tan sólo unos 5 años, pero a mi favor he de decir que lo conocí de la mejor manera posible, visitándolo en su propia casa. El tiempo que nos ha tocado vivir –a nosotros y a nosotras también– me obligaron a cruzar el charco allá por el 2014 en respuesta a una oportunidad laboral que aquí se me negaba. Las cosas no es que hayan mejorado mucho desde entonces, pero el caso es que, de nuevo en España, superado el descoloque inicial del regreso –de no sentirte de ninguna parte- ya soy capaz de permitirme ciertos reencuentros. Y puedo hacerlo, además, con perspectiva; desde ese lugar donde el dolor que supuso el desarraigo dio paso al aprendizaje y a la nostalgia.

Como soy entre zen y supersticiosa, creo mucho en eso de que las cosas pasan por algo y es precisamente por eso por lo que estoy tan segura de que no puede ser puta casualidad descubrir estos días que una selección de cuadros del pintor ecuatoriano va a lucir en breve en las paredes de un museo de mi barrio. Fue leer la noticia y teletransportarme de inmediato a una terraza de colores a 10.000 km y 12 horas de avión de aquí. sus colores: los amarillos, fuego, tierra, ocres con los que el maestro quiso “herir, arañar y golpear el corazón de la gente”. Los colores, ese lenguaje en el que apenas reparamos y que, sin embargo, puede llegar a decir tanto que hasta molesta.

pinzas republica

En mi terraza ondeaban por bandera pinzas de la ropa. Pero ni la roja ni la amarilla se debatían en duelo entre ellas ni la de color lila dejaba de acompañarlas. Así fue, antaño, en este estado; así era, durante el “exilio” en mi patio; y así debería de ser, siempre y en todo lugar. En aquellos atardeceres, los colores y la Latinoamérica de Guayasamín. En aquellas paredes, versos de igualdad y sin fronteras:

“La voz de mi corazón
es un canto de cigarra
del coro de tantos pueblos
que viven sin esperanza.

La voz de mi corazón/ canta para que mañana/España vuelva a ondear/ Bandera Republicana

Las cosas pasan por algo, insisto, así que tampoco es casual que mientras apuntaba en la agenda la inauguración de la expo del maestro quiteño, en el Facebook un buen amigo estuviese retransmitiendo, desde un pub de Bueu, mi particular mural sobre repúblicas y mariposas.

Regresé, sí, un mes de abril. Un abril igualmente electoral, el abril de los ayuntamientos del cambio. Quizás, incluso, llegué un día 14 o un día 25, pero en aquel momento ni cuenta me di de la efeméride, era mayor el duelo personal que la responsabilidad colectiva. Me fui, por cierto, el año en el que abdicó Juan Carlos I y en el que Portugal dio por finalizado oficialmente el rescate, al recibir el último tramo de ayudas de Bruselas y la consiguiente marcha definitiva de los inspectores de la Troika. España sigue siendo una monarquía. Portugal volvió a ser dueña de sus propias decisiones y supo aprovechar su oportunidad, aunque a los poderes fácticos les convenga más mirar para otro lado.

Tan cerca, tan lejos. Pueblos, ciudadanos, derechos… Guayasamín lo denunció con colores. Jose Afonso lo universalizó con versos. Pacífico. Atlántico. Mediterráneo.

¡ Feliz 14 de Abril ¡ … ¡ y 25 ¡ … ¿ y 28, también será un día feliz?

“Un amic a cada casa

Igualtat entre nosaltres

Grandola Vila Morena

Terra de fraternitat

Grandola Vila Morena

Igualtat entre nosaltres

És el poble qui governa”

P.D Para leer lento y a ritmo de B.S.O (Marina Rosell y Enric Motefusco versionando el Grándola)

 

*Artículo publicado en www.lasrepublicas.com

*Otros artículos

Partidos. Gestas y Reconquistas ¿Fútbol o Política?

Glamour sin Fariña

Rosalía no te tolero

Mi agüita amarilla 

*Nueva foto de portada: En algún lugar de la India. En algún rincón de un mercado. En algún puesto de sedas, mujeres y colores

 

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A leituga: Teatro para rumiar

leituga

Los canónigos están de moda. La lechuga, en consecuencia, ha perdido todo su esplendor. Hasta ha sido desplazada de los platos que más la requerían, aquellos que siempre vienen acompañados de la palabra “mixto”. Así es la vida en los tiempos de las tendencias, que incluso los vegetales sucumben a ellas, aunque la esencia permanece, y lo que es verde, es verde y punto.

Resulta algo paradójico que siendo el color de la esperanza se asocie tan directamente a los muertos en vida, que sea el eufemismo elegido para referirnos a quienes han perdido su facultad de ser para, simplemente, estar. El triste complemento de un sandwich o de una ensalada que, casi siempre, acabamos apartando porque, incluso con aliño, resulta insípido y, además, a partir de cierta edad produce acidez.

Apartamos la lechuga como apartamos a los indigentes, a los inmigrantes, a los insumisos, a los raros, a los dependientes… a todo lo que no nos favorece ni individual ni colectivamente. Y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

foto lechuga

Cuando aún creía que me iba a comer el mundo, cuando no me bajaba de los tacones ni Dios y cuando las ojeras eran sinónimo de ir a trabajar de empatada, no del deterioro de la edad, tenía unos amigos que se autollamaban “los vegetales”, por su querencia a la horizontalidad, a los petas y a su piso de estudiantes. Pecados de juventud, soberbias de unos tiempos en los que no había que medirse tanto con lo políticamente correcto. Hoy el apodo no tendría gracia, ni para los vigilantes de la mordaza ni, quizás, para ellos mismos, que suman los suficientes trienios para tener que enfrentarse cada uno a su propia lechuga, a su propio vegetal demodé.

El sábado de Gloria de este año -porque parece que todo esto va de ironías y de connotaciones bíblicas- el actor y director Víctor Duplá sacaba a la luz, en forma de pre-estreno, los cogollos que todos llevamos dentro. Alzaba un espejo en los escenarios ante el que todos y todas debemos mirarnos y podremos reconocernos: en nuestras miserias, en nuestras cobardías, en nuestras culpas, en nuestras contradicciones… tanto en las propias como en las autoimpuestas por una sociedad y por unos valores que animan a la hipocresía, a echar a un lado a esa lechuga en vez de reconocer, de antemano, que ahora lo que se lleva son los canónigos.

Al sábado de Gloria, le precedió un viernes de orfidales y de Pasión, pero el Domingo nadie resucitó. Y siento hacer spoiler, pero como se deduce de su propio nombre, en  A Leituga el protagonista está, pero en ningún momento de la representación es. Sobre su presencia sin vida, que no sobre su muerte, gira este drama cómico o comedia dramática que no deja a nadie indiferente y si no, reitero, que tire la primera piedra quien no haya salido del teatro tocado; tanto ese sábado de Semana Santa en el que se hizo un pre-estreno para el público en Rianxo, como en las distintas funciones de la gira que se han ido sucediendo y en las que la obra y los personajes han ido creciendo cada día un poquito más.

Digestión pausada

Quizás es por eso que las vacas comen tanto verde, porque la dieta vegana es para rumiar. A Leituga es una obra ágil, con ritmo, de inmediatez, pero de digestión pausada. Es decir, para rumiar una vez hayas salido del teatro. Y para rumiar no sólo sobre, quizás, lo más obvio, sobre los debates más evidentes o explícitos: la dependencia, la igualdad, la eutanasia… sino sobre cómo estos debates ponen en evidencia de forma descarnada una catarsis de la familia como construcción más social que emocional, el momento en el que ponemos a prueba sobre qué cimientos está construída, sobre qué valores. Hay un destino trágico de la vida al que prácticamente nadie será ajeno y que precede a nuestra inexorable desaparición física. Es ese momento en el que nos convertimos en una “carga” o vivimos como tal ¿el deber? ¿la responsabilidad? de atender a nuestros seres queridos, a aquellos que, de alguna manera, ya se han ido estando todavía aquí.

foto fiesta

Los cerca de 90 minutos que dura la obra son una radiografia social de los tiempos en los que vivimos, de los distintos patrones que se siguen reproduciendo en todas las casas: las cuñadas, los hermanos pequeños, la mujer como cuidadora, los hermanos que han progresado y los que no, las relaciones impuestas, en definitiva, el eterno dilema sobre qué es más familia, la que te toca o la que eliges. “Hai irmáns que non deberían ser irmáns”, di María Vázquez nun dos seus diálogos. Xosé Barato e Antonio Durán “Morris” también definen claramente en distintos momentos de la obra las reuniones familiares como un acto social obligado, actos a los que acudes sin mayor problema hasta que implica “cargas”.

Este querida é un perfecto evento social. Unha xuntanza de xente que non se pode ver nin en pintura, que se odia a morte… pero se xunta, bebe e sorrí como se foran unha familia (…)

Xa sabemos que iamos rematar mal. Todos o sabiamos antes de vir. Pasamos o ano sen vernos, sen falar, odiándonos profundamente nos nosos silencios... ata que se achega esta maldita data, este maldito día que marcamos en vermello no calendario da nosa vida pero chega o día, e xuntámonos aquí… e eu quero dicir por que carallo nos xuntamos! (…)

A Leiuta es un trabajo coral en el que por encima de todos los conflictos pesa, sobre todo, la culpa. La culpa sobre no querer hacernos cargo; la culpa sobre nosotros mismos, sobre nuestros egoísmos… Y sobre la que pesa también la hipocresía de un país con los “escrúpulos institucionalizados” -como dice Héctor respecto de la eutanasia o de la muerte digna-. Una obra, en definitiva, que habla del miedo, porque esta sociedad sigue sin estar preparada ni para el dolor, ni para la enfermedad, ni para la muerte. 

a leituga gira

¿Final feliz?

“Ninguén é feliz todo o tempo”. Quizás esta sencilla sentencia de María Vázquez sea la lección a aprender, sin tratarse de una obra con moraleja ni pretensión moralizante ¡ojo! Pero si es una buena frase para la reflexión, para hacer el esfuerzo de asumir con naturalidad la vida y la familia y, sobre todo, para hacer el esfuerzo de perdonarnos. De hecho, la decisión final de desenchufar al protagonista puede que sea una forma de perdonarse entre ellos…  o no, y se pierden para siempre. Porque el perdón tiene que empezar siempre por uno mismo.

Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra, dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen. Abel contestó:

—¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes.

Texto: Leyenda (Sobre el mito de Caín y Abel. Borges)

 

NOTA: Fotos de la obra extraídas del Facebook de Emedous

 

 

 

Fariña: Entre Netflix, el crochet y el punk

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Lola é muller. Lola é de Cangas. Lola ten unha Tablet. Lola ve series. Lola mira as series na Tablet. Lola fai crochet. A Lola gústanlle Netflix, Fariña e o Crochet. Lola é galega. Lola é universal. Lola, esa metáfora contra os “de dentro”

Por todas as Lolas, de aquí e do mundo, que fan de Fariña un éxito mundial, unha produción que exporta lingua, denuncia político social e talento. Lola, que tamén dá unha leción de país, disfrutando e sacando peito con naturalidade, nun sofá entre puntillas, do noso e polo noso.

Cando unha imaxe vale máis que mil palabras e máis que unha chea de caracteres. Ela, que algo de historia e de realidade dos oitenta xa acumula nas súas costas, resposta mellor ca min, só con esta fotografía, a tanto prexuízo, autoxenreira e enemigo interior contra unha seria que se acaba de alzar cos galardóns a Mellor Serie, Mellor Guión e Mellor Dirección dos premios @Festval na súa X décima edición, que se entregarán o día 8 de Setembro en Vitoria.

Por Lola, retomamos esta crónica dunha presentación na que aínda hai cousas por falar; duns supostos polos que Fariña non é profeta na sua terra (en parte dela); duns argumentos, dunhas anécdotas e duns feitos polos que precisamos dunha segunda temporada e dunhas persoais teorías polas que Oubiña e Charlín se achegan tanto ao mellor punk 😉

Bueu petado1

El tiempo pasa, las modas cambian pero la coca continúa. La coca o el tráfico de bolígrafos, la nueva vía de investigación que podría abrir Nacho Carretero tras su reciente paso por Bueu para hablar de Fariña. Sí, cuando cualquiera diría que sobre Fariña, libro y serie, estaba todo dicho, la Plaza Massó de este ayuntamiento pontevedrés, movilizada por Fernando Miranda, un librero de los pocos ya que sobreviven y dan la batalla a la cultura de Amazon, lo petó.

El autor y el actor Antonio Durán “Morris” -que encarna a Manuel Charlín en la adaptación del libro que Bambú, inteligentemente, convirtió en serie- se preguntaban, algo incrédulos, momentos antes de llegar a la plaza, de qué iban a hablar y para qué público; pues Fariña es ya todo un fenómeno social sobre el que, insisto, parece que esté todo dicho.

Pero la droga engancha, el libro y la serie supieron a poco y, además, hay nuevos datos y relatos que merecen ser contados, como el de los bolis; de ahí , quizás, tan alta expectación. Hubo preguntas y debates recurrentes, eso sí, como el del supuesto retrato romántico y heroico de los narcotraficantes. Nacho y Morris se armaron de paciencia y recordaron, una vez más, tres cosas importantes que deberían de quedar claras para siempre:

  1. Fariña es una investigación de una época determinada, de una operación policial concreta sobre una actividad ilegal desarrollada por unos personajes X en un tiempo acotado.
  2. La serie pretende lo mismo, basada en el libro, pero es Ficción, lo que le permite licencias propias de la misma.
  3. Libro, serie y realidad coinciden en ser fieles con la historia personal y delictiva de los narcos. Hay incluso reconocidos Académicos gallegos, nacidos en Cambados, que aseguran que el respeto y la admiración por Sito Miñanco, por ejemplo, en aquel momento, estaba ahí. No hay, por tanto, un especial y/o irresponsable ensalzamiento por parte de Bambú para convertirlos en héroes nacionales. Eso por una parte, la del cielo de los narcos, podríamos decir. Pero también tuvieron sus infiernos, y si no vean el punto donde terminan libro y serie, sumen los años de cárcel … y después juzguen por sí mismos.

Ah, y no olviden, como recordó Antonio Durán, la valentía -a nuestro entender más del libro, incluso, que de la serie- de mostrar la connivencia entre el narcotráfico y el poder político. No sé, pero aquello de Había Nieve parece que ha nublado interesadamente la mente a más de uno. Sólo así se explica que sigan saliendo voces en debates como el de Bueu y en recientes artículos, de dentro del país además, de grandes popes, que obvien esta parte política de la historia mientras con soberbia, cagando sentencias y con un tufillo demasiado oportunista y moralizante reducen Fariña a una historia de Polis y Ladrones, con un punto de condescendencia, eso s: que estar está muy bien hecha y muy bien representada.

La droga, la droga, la puta de la droga, la madre que la parió. Yo tenía un hijo sano y la muy puto lo mató

Galicia y su minifundio. Su espíritu autodestructivo. Su miopía. Sus guardianes de las esencias. Non me movas os marcos… o quedas “fuera”. Sólo en un contexto algo tópico, lo sé, pero real como la Galicia misma, se puede entender esta obsesión por atacar a Fariña por un flanco que, efectivamente, no aborda, pero porque, sencillamente, no tocaba. Hacerlo sería escribir otro libro diferente. Y el debate es necesario, conste, y está pendiente más allá del periodismo, de la literatura y de la ficción. El debate sobre las drogas: consumo y tráfico, que hubo, hay y habrá. El debate sobre la heroína, causa real de las muertes que todos y todas hemos llorado en la mayoría de nuestras familias. Muertes con cicatrices de cuyos ejecutores, sin embargo, no hay señales reconocibles, rostros contra los que disparar el dolor; por eso tomamos la parte por el todo y señalamos con el dedo a los capos de la Coca, conocidos precisamente por su grado de exhibición, no por su responsibilidad en dichas muertes.

Resumiendo. Desde el cariño y desde el máximo respeto, pero a quien corresponda que se dé por aludido. No mezclemos churras con merinas. Futuro Imperfecto  -obra a la que se hacía referencia en el artículo antes citado, crítico con el libro de Carretero y, sobre todo, con la producción de Bambú- es una novela maravillosa, pero no tiene nada que ver ni es incompatible con Fariña, un trabajo de investigación periodística, maravilloso  también. E que morra o conto por fin y para siempre. Relájense y disfruten. Aprovechen esta segunda vida que Netflix regala a la serie y que el levantamiento de un absurdo secuestro judicial regala al libro y vean la oportunidad de sacar pecho, de hacer bandera de algo muy nuestro... y no me refiero precisamente a la cocaína.

 

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AUTOXENREIRA (AutoOdio)

Saquemos pecho, sí. Aplíquense el cuento o ¿acaso no se les llenaba la boca a algunos con eso de que no vengan los de fuera a contar lo nuestro...? pues, de nuevo, son los de “fuera” los que nos están sacando los colores y haciendo bandera de un talento cien por cien gallego . Algo no va bien en un país, en sus medios de comunicación -públicos y privados-; entre los máximos cargos/guardianes de su lengua y de su cultura cuando la maldita hemeroteca recoge más titulares en negativo o, simplemente, silencio sobre el lanzamiento mundial de Fariña a través de Netflix.  Y lo mismo con el trabajo de Nacho Carretero, que de forma ya casi inmediata dará el salto al mercado de habla inglesa y eso sólo para comenzar.

Obviamente, ni serie ni libro son impecables, pero cuando la unanimidad de público y  crítica es esta, Galicia necesita hacer un acto de contricción  y rezar al menos varios padrenuestros como penitencia. Nos han ridiculizado por nuestro acento; las sobreactuaciones de Moncho Borrajo y Beatriz Carvajal han sido nuestra seña de identidad durante mucho tiempo más allá del Padornelo. Sí, las cosas han cambiado algo; ahí están Tosar, Javier Gutiérrez, Pedro Alonso, el propio Javi Rey…. pero rara vez todos juntos y en una producción que se pueda decir gallega. Y esta lo es, pese a quien le pese. Y con ella se exporta idioma; se difunde léxico. La movida se bailará hasta en polaco y la denuncia ya no tiene marcha atrás, y si no que se lo pregunten a Núñez Feijóo y a su decisión sobre su carrera a Génova. Con Fariña se hace también justicia a un casting intergeneracional de actores que están gozando, por fin, de un reconocimiento que aquí se les niega. Aquí, su cuna. La TVG, su escuela, que ha optado por hacerles el vacío en vez de aprovechar -aunque fuera por un interés puramente comercial– para vender marca.

Y lo mismo podemos decir sobre el libro, sobre el autor ¿por qué nadie se pregunta por qué trabaja al otro lado del telón de grelos? ¿por qué escribe desde Madrid? Un gallego hablante, generación Xarabín, que está desarrollando su carrera  y triunfando en la capital del Imperio, como muchos, como tantos, como demasiados.  y él aún tiene suerte, que sólo está a un Ryanair de casa, como decía alguna de mis compas de exilio en Ecuador. Paren y piensen antes de exhibir tan burdamente envidias y arrojar piedras contra nuestro propio tejado ¿Que algunos medios en Galicia se hicieron eco de las fotos de Feijóo con Marcial Dorado? Sí ¿Que Fariña bebe -y cita fuentes, de hecho- de otros trabajos publicados durante años por otros grandes profesionales de la investigación periodística? también, pero Nacho Carretero se curró el dar con toda esa información, recopilalarla, ordenarla y presentárnosla de forma amena y con coherencia, construyendo su propio relato. Vale, compañeros y compañeras,  os doy igualmente la razón en que fue injusto el Fenómeno Évole porque, insisto, en Galicia también sobrevive algún periodista que puede, podía y, mejor dicho, pudo contar antes que la estrella de la Sexta lo que esta cadena quiso dar casi como exclusiva de Évole. Como injusta, por exceso de oportunista, fue la campaña agresiva de Antena 3 para aprovechar el secuestro del libro como lanzamiento de la serie. Nacho lo recordaba en Bueu, cómo de repente todo se iba un poco de las manos y cómo le preocupaba que el libro pasara a la historia como el libro secuestrado o el libro de la serie, no como su trabajo de investigación. Pero aunque las circunstancias se conjuraron todas para una promoción improvisada, libro y serie habrían triunfado igualmente y en casa deberíamos de alegrarnos por ello, no ponernos permanentemente piedras en el camino y celarnos tanto de nosotros mismos.

TO BE CONTINUED

Han triunfado y lo seguirán haciendo por esta segunda vida que emprenden y porque hay deseo y material suficiente para una segunda parte. Y no sólo lo digo porque un niño astuto y despierto nos haya traslado su preocupación y dado la pista en Bueu para abrir otra interesante línea de investigaciónuna supuesta nueva red… pero de tráfico de bolígrafos, según le había advertido su prima. Un tipo de trapicheo aún por confirmar pero sobre el que Carretero se comprometió a contrastar fuentes 🙂 Para que después otro de los reproches que se hagan a la serie es la mala influencia que ejerce sobre los jóvenes. Aquí un ejemplo de que el que quiere entender, entiende y, de hecho, el que tiene algo que denunciar, lo denuncia. Niño, joven o adulto.

Insisto. Lean las redes sociales y los medios “ajenos” y se darán cuenta de por qué digo lo que digo y de que llevo razón. Hay incluso reportajes con propuestas concretas para director y productor sobre las tramas que quedan por abordar. Eso sí, no busquen en Galicia mucha información sobre lo que les estoy contando, ni siquiera en los digitales que se autoreivindican como bombona de oxígeno ante la asfixia de la prensa del poder. Ni las futuras traducciones de Editorial de Libros del  K.O ni el salto a Netflix, ni los más recientes e importantes premios del sector han merecido grandes titulares. No tengo muy claro por qué, quizás porque a veces el contrapoder se pasa de purista y huye de todo lo que le parezca comercial o crea que está en esa delgada línea entre la publicidad gratuita y la información. No lo sé, quizás hasta estoy siendo demasiado generosa y corporativista en mi intento de buscar una explicacón semi lógica a una realidad sin lógica alguna.

Persona y personaje / Realidad o ficción

Hay una famosa máxima en periodismo que dice que la realidad no te joda un buen titular. En los últimos meses, incluso días, se han producido una serie de acontecimientos  que le dan la vuelta a la máxima y no sólo echan más leña al fuego a la hora de pensar en nuevos guiones, sino también a la hora de cabrearte porque la profesión no esté aprovechando la oportunidad para contar una historia que a otros muchos sí nos gustaría publicar.

La realidad nos está regalando crónicas que se escriben por sí sólas y sin forzar: La batalla por el liderazgo del PP. La muerte de García Sabell, el ex presidente de la Xunta que se reunió con los narcos en Portugal y que tan magistralmente interpretó Ernesto Chao en uno de sus últimos trabajos. Maestro de actores, él también nos abandonó tan sólo unos días después, como si Fariña haya establecido una especie de pacto entre personas y personajes, no en vano sus caracterizaciones son otro de los aspectos más brillantes de la serie. Manuel Charlín y uno de sus hijos fueron nuevamente detenidos. Finalmente han sido puestos en libertad, pero no sin antes protagonizar un episodio digno de la Ficción, intentar escaparse en calzoncillos de casa ante la inminencia de la redada. Laureano Oubiña está recorriendo las principales fiestas de Galicia en modo mercadillo para vender la biografía que ha publicado tras el éxito de Fariña. Estos días se jactaba del negocio hecho en Padrón gracias a los libros y a las camisetas que consiguió colocar antes de que la polícia le desmontara el chiringuito, como ya había sucedido anteriormente en Cambados. Contaba Nacho Carretero en Bueu que en una de las últimas firmas de libros, una persona le dio un ejemplar previamente firmado por el propio Oubiña ¿El contenido? : “Todo es mentira”.

FOTOS INFOS FARIÑA

La verdad es que cuanto más lo pienso más me cuesta decidir si lo nuestro es un narcopaís, un país de frikis o el ejemplo del mejor Punk. No los veréis con cresta. Prefiero ni imaginar lo que tal diría Manuel Charlín si sus hijos le apareciesen customizados con piercings y tatoos ¿Laureano en pitillo? Jamás, pero…. ¿de verdad que soy la única que ve un toque narcopunkarra en todo este surrealismo con el que hemos convivido y a la vista está que seguimos conviviendo?

El pasado fin de semana, un taxista hacía gala de oficio y nos ofrecía los mejores datos de audiencia, fruto de la cantidad y de la diversidad de clientes que traslada de un punto a otro durante jornadas a veces interminables. “Soy taxista, así que sé de lo que hablo, y Fariña lo ha petado”. Voy a obviar su nombre por cuestiones de seguridad, aunque tengo el permiso para contar la anécdota.

En el año 2006 recogió a la actual “asistente” de Manuel Charlín, una joven y guapa mulata a la que muchos recordaréis porque le prohibió hablar a la prensa cuando salió del hospital tras el asalto sufrido en su casa durante la emisión de la serie en Antena 3: “E ela que vai ter que dicir?” La carrera había sido de 100 euros (Vigo-Portonovo, con parada previa en Vilagarcía) y a la hora de cobrarla, la joven le indicó, tímida y asustada, que por favor entrara en el local a donde la había llevado para que el propio Manuel le pagara la cantidad debida. Charlín cumplió, no regateó, pero eso sí, el pago lo efectuó en metálico en el sentido literal de la palabra, una bolsa con 50 monedas de 2 euros.

¿Friki? ¿Punk? ¿Surreal? Sea lo que fuere es digno de contar, no para ensalzar, ni ridiculizar ni estigmatizar, simplemente porque es definitorio de muchas cosas, cosas que, además, son nuestras. 

Por eso yo entono la primera persona y si para alguien mi postura y lo que he escrito es el ejemplo de estar colonizada, no se corten, grítenlo a los cuatro vientos, que yo no sólo lo llevaré con orgullo sino que, además, lo reivindicaré: Soy colonia… pero ¿y lo bien que cheiro?

 

FUENTES

-Foto de Lola e historia cedida pola actriz María Costas e pola propia protagonista, a súa nai: Lola. Moitas grazas a ambas. (Ah, e non é amor de nai, que María non sae en Fariña)

-Foto de apertura crónica. Plaza Massó. Acto Bueu (Fernando Miranda –
El Oy MirGar )

-Imagen Vocabulario Fariña (Captura de artículo de El Huffington Post)

-Foto artículos prensa (IG Anne Merkel)