Hay que ver!

leituga

GREEN

&

blues

BLUE

O  lo que es lo mismo:

GREEN & BLUE

  • A Leituga y Fisterra Blues
  • Mar y Tierra
  • Teatro para las emociones
  • Música para los sentidos

Cómo, dónde y por qué?

 

A leituga aborda en clave de humor un conflito familiar polo que todos pasamos ou pasaremos nalgún punto das nosas vidas: como actuaremos no momento en que os nosos pais se aproximen á morte?

O xoves 14, ás 19h30, Morris Durán Mercedes Castro Federico Pérez Rey María Vázquez e Xose Barato encherán o Teatro Principal de esperanza e aceptación, de sacrificio e de culpa, de afecto e de rancor. De emocións. Será dentro de Galicia Escena PRO 2018.

+ Info e datas: http://emedous.com/espectaculo/a-leituga/

Unha das presenzas máis destacadas do #FisterraBlues é a de Corey Harris Band, o guitarrista de Denver que está considerado como un dos bluesman máis influíntes da actualidade. Harris, que tamén é antropólogo, recuperou o blues do Delta e en colaborado con Wilco, Billy Bragg, B.B. King ou Tracy Chapman Online, entre outros, e protagonizou un episodio dirixido por Martin Scorsese da miniserie documental “The Blues”. Estará o sábado 16 de xuño aquí!

O #FisterraBlues volta con máis bandas, máis días, máis mestizaxe, máis presenza feminina e máis actividades. Eis o cartel con Corey Harris Band, The Lákazans, Chris Kramer & Beatbox ‘n’ Blues, Seydel Harp Attack, Wax & Boogie – Blues Projects, The Trashtoes, Carla Green & The Demons, Edu BigHands & Paul San Martín Beldarrain, Os Bregadiers, a Fisterra House Band e Os Deteriorados.

fisterra oficial

Si, lo sé. Porque además comienza el período estival y sólo hay ganas de fiesta. Esta es mi elección, pero si queréis conocer mejor la oferta o una oferta menos “condicionada” 😉 no os perdáis las recomendaciones de Inorantes porque como su propio nombre indica, no tienen ni puta idea 😉 y en este blog nos gusta ir contra corriente #loquesueñasvuela

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Los niños muertos no están de moda

FOTO AYLAN

Fuente: Internet

Los niños muertos ya no están de moda. Lo advertí en su momento, con la perspectiva que me da vivir a años luz de la tierra, que Aylan corría el riesgo de ser puro atrezzo, y el tiempo me ha dado la razón.

Ah, ¿qué no os acordáis de quién era Aylan? Era un niño de entre dos o tres años, me parece, que escapaba de su país con más familia, un hermano o hermana concretamente, que podría haber salido en su misma foto, pero el efecto emocional causado habría sido tan diferente que poco más se supo del otro cadáver. El suyo sí daba juego, las malas lenguas dicen, incluso, que los fotoreporteros del dolor manipularon sus zapatitos y su posición para obtener La Foto, la que realmente sirviera para revolver conciencias.

Revolver o aliviar habría que preguntarse a día de hoy. Pues si bien es cierto que su muerte –su asesinato- a manos de una Europa inhumana e incivilizada de la que todos somos responsables, fue el punto de inflexión para poner en agenda el gravísimo problema de la inmigración y de ese cementerio gigante llamado Mar Mediterráneo; es también verdad que sirvió para marcar un antes y un después en la demostración explícita de lo peor de nosotros mismos. 

Es el peligro de la política de gestos, por eso cruzo los dedos para que la aceptación por parte de Pedro Sánchez del ofrecimiento de ciudades como Barcelona o Valencia para que el Aquarius atraque en sus puertos no se quede simplemente en eso.  En el vergonzoso grito de: ¡Victoria! del primer ministro de Interior Italiano.

OSCAR CORRAL

OSCAR CORRAL (EL PAÍS)

Aylan fue, efectivamente, una patada en la boca, pero como ya señalaron algunos analistas en su momento porque, en el fondo, podría ser tranquilamente un pequeño como los nuestros, como nuestros propios hijos. Su calzado estaba mojado, no descuidado; su ropita era occidental, hasta sus rasgos poco tenían que ver con las caras hacinadas de los hombres, mujeres y críos de naves como la rescatada por SOS Humanitaria. Estoy segura, de hecho, que pocos habéis sido los que os habéis atrevido a entrar en el album del gran compañero fotógrafo Óscar Corral a bordo del barco. Y os aseguro también que, aún haciéndolo, hay un momento en el que apenas distingues, pese al trabajo profesional de Óscar. En el que tu visión es homogénea, porque cada una de esas 629 personas recogidas por Médicos sin Fronteras tiene una vida, tiene una historia pero ahí, en un barco a la deriva, rechazado por todos los estados de bien sólo tienen una misma vivencia.

No somos refugiados

Han pasado ya 8 años desde que Europa asumió la mal llamada Crisis de los Refugiados. Primero con el entusiasmo paternalista de demostrar que por eso somos un continente desarrollado, cuna de civilizaciones, de valores, de filosofía, arte y democracia. Por eso Aylan fue portada, por eso todos los grandes líderes que manejan el cotarro, con Angela Merkel a la cabeza, convocaron con cierta urgencia -los tiempos en las instituciones tienen sus propios ritmos- reuniones para estudiar la situación y dar una respuesta política a una crisis de personas. La falta de acuerdos los llevó, incluso, a desplazarse a lujosos hoteles de calefacción asegurada y pasarela de abrigos de marca para ver si con un contexto diferente se acababa la discrepancia. Y estoy siendo irónica, claro, porque a medida que el pequeño Kurdi desaparecía de las informaciones de apertura de los telediarios, se multiplicaban las imágenes de patadas en las fronteras, el hambre, la miseria y las alambradas.  Se estaba acuñando, en palabras de Agus Morales, el concepto de refugiado como enemigo contemporáneo. “No son refugiados: son terroristas, criminales, indocumentados”.

Morales describe mucho mejor que yo lo que sucedió aquel verano de 2015 en el que “la opinión pública europea descubrió el continente de los refugiados sin refugio. Se había formado hace mucho tiempo, pero hasta que Europa no vio su contorno, hasta que no vio de cerca las caras de los millones de personas que huyen de la guerra cada año, no reaccionó (…) Europa tuvo que ver todo eso para vivir un momento de efervescencia. De indiganción, de aroma a cambio, de ya nada volverá  a ser lo mismo. Y Europa tuvo que ver una imagen como desencadenante, como símbolo del supuesto despertar de conciencias: Alan Kurdi (…) La imagen tomada por la fotoperiodista turca Nilüfer Demir fue un puñetazo para Europa. Aquella foto no hablaba árabe, sino inglés, alemán, castellano, francés. Meses después, ya no hablaba ningún idioma”.

De los 160.000 refugiados que la Unión Europea decidió acoger, repartidos por diferentes países, aún hoy es el día que no se han cumplido ni de lejos las cifras -en España, por ejemplo, del compromiso ya raquítico que se adquirió, aún fatan alrededor de 17.000 personas por llegar-  Y no sólo eso, sino que no se ha desarrollado una verdadera política humanitaria porque, citando de nuevo a Morales, “llegar no siempre es llegar. ¿Se puede llegar sin llegar?” Hay un después que todavía no está resuelto y que pasado el primer año de acogida vuelve a convertir en prisioneros, si es que alguna vez dejaron de serlo, a nuestros hermanos y hermanas que tuvieron la mala suerte de nacer en la otra cancha de la pista de tenis, mar u océano.

COLECCION CRUCERO CHANEL

IG Chanel (Colección Crucero)

A veces me preguntan qué tiene que ver alguna de las cosas que escribo con la moda. En mi biografía, el periodista y escritor Camilo Franco ya avanzaba algo. La ropa lo es todo, lo dice todo, es el material con el que construimos o disimulamos mucho de lo que queremos decir y también callar. Para mí, además, la moda es la coartada y la palabra, la salvación. Desde y sobre las costuras. Sin dedal, aunque sangre, aunque duela, porque hay estilismos, como el que lucimos en Europa de un tiempo a esta parte, que provocan auténticas hemorragias, pues van más allá del mal gusto y olvidan el sabio arte de combinar, de mezclar, de arriesgar con el mestizaje de texturas, culturas, diseños y colores.

VESTIDO RAYAS

IG Zaitegui

Me gustan mucho y se llevan las rayas. De tal guisa digo: yo os espero, yo os quiero. También me gustan mucho los barcos, en días como hoy, sin embargo, me pregunto si no habría que replantearse, por pudor, solidaridad y humanidad, la moda de la colección crucero.

Su último acto de libertad fue mirar al mar Mediterráneo.

Ulet era un somalí de 15 años que había sido esclavizado en Libia. Lo vi subir al barco de rescate con una camiseta amarilla de tirantes y señales negras en la rabadillas (…) Estaba solo. Era un menor sin familia ni amigos. Los somalíes que viajaban con él decían que había sido torturado en un centro de detención en Libia, que allí le obligaban a trabajar, que no le daban ni agua ni comida. Según el equipo médico a bordo, Ulet sufría también algún tipo de enfermedad crónica, nunca se sabrá cuál”.

Morales, Agus y Surynyach, Anna: No somos refugiados. Círculo de Tiza, 2017

 

 

 

Perdonen que insista

Últimos datos de empleo y prestaciones del Gobierno de Rajoy:

  • -47,7 % de desempleados/as que no reciben ninguna ayuda
  • -3.252.130 parados y paradas
  • -237.207 empleos NUEVOS (felicidades a los agraciados/as) o el más sentido pésame (a saber las condiciones)
  • -46’38 % de las personas ocupadas son MUJERES Estos son los datos publicados… vosotros mismos 😉
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POLÍTICAMENTE INCORRECTA

A veces me gustaría ser camarera. Una de esas de coleta alta que sirven aguachirle en una cutre-cafetería situada en el medio de la nada. Una instalación de hojalata donde preservar el anonimato al amanecer y donde aliviar la sed y el hambre tras quilómetros y quilómetros de carretera desierta y asfalto derretido por el sol norteamericano.

Me imagino en una de esas escenas porque siempre aparece un cazatalentos que cambiará la vida aceitosa de la pobre chica por una carrera de éxito en lo que realmente es su vocación, actriz o modelo, en casi todos los casos.

Yo soy periodista, comunicadora social, organizacional, comunity, bloguera, marketerauna pringada, vaya, así que, de protagonizar una de esas road movies, me quedaría como estaba, es decir, con la coleta puesta. No me arrepiento, no obstante, de la profesión que he elegido.

Me sienta bien el pelo recogido, además, y no se me caen los anillos por servir mesas, pero sí me frustra un poco, como en el caso de esas chicas, que el sistema nos condene a depender más de lo que decida un guionista de cuestionable pelaje que de nuestra historia profesional y vital; por mucho que inviertas en el mejor de los coach o en toda esa filosofía barata del renacer, la reinvención y el encontrarse a una misma.

Por eso he decidido dejar de escribir cartas políticamente correctas. Porque desconfío de su destino. Porque quiero trabajar, no competir; quiero que me descubran, no que me señalen con el dedo; quiero que me encuentren, no venderme; quiero aportar lo que conozco, no lo que desean oír; y porque si presento mi candidatura a un puesto será porque sé que puedo hacerlo, ¡qué coño!, que estar en el paro no significa no tener más cosas en las que invertir el tiempo.

Para comprobar que cumplo los requisitos exigidos y que encajo en el perfil está el curriculum; pero si después, lo que necesitan o contratan nada va a tener que ver con lo que demandan, no me toquen, desde antes, los huevos.

Moléstense también un poquito en ir algo más allá. No porque los CV creativos sean marca España sino porque una relación de datos con muchos éxitos y ningún fracaso no dan la medida de nada, ni de la cualificación profesional ni de la humana. Yo no me fiaría ni un pelo, vaya, y  si no miren para las redes sociales y después comparen la vida digital con la analógica y no me digan que no se mueren de terror y de tristeza.

Eviten también las preguntas capciosas tipo: ¿dónde te ves dentro de cinco años? o ¿qué te define más, el orden o el compañerismo? primero, porque no son capciosas, son, simplemente, estúpidas y segundo… pues por lo mismo, con perdón de los psicólogos que se pasan cinco años venga a chapar para acabar redactando este tipo de cuestionarios, que casi prefiero lo del bar.

Necesitan, realmente, una presentación que transpire algo de hoja de vida. Respirar un poco la esencia de la persona no su cliché. Sus sueños, sus miedos y sus frustraciones también, por más que los manuales del perfecto “reclutado” prohíban, con su lenguaje Happy Flower, una negativa por respuesta.

Me gusta –y necesito- trabajar. Soy una enamorada de lo que queda de mi profesión, pero no me fío de ustedes, los Señores RR.HH. Ya sólo las siglas imponen, que en vez de a una entrevista parece que fueras/n a sacarte sangre. Será porque la H es muda y por eso hasta ustedes mismos reconocen que aún están a años luz de ejercer su trabajo teniendo a la persona, es decir, al Humano, como centro de su oficio.

En cualquier caso, reitero, necesito currar. Sé, además, que lo valgo y me lo merezco y, sobre todo, como chica de barra  que también soy, creo que ya me va tocando ser la que invite a las cañas. Y eso, siempre, mejor con la melena suelta 😉

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Atentamente,

Un beso con lengua (que ya advertí que iba a ser incorrecta)


Tal y como os anuncié, Anne Merkel se mete también a “actriz” o “youtuber”, con perdón de los que realmente se dedican en serio a alguna de las dos profesiones.

Pero yo me dije, si ya escribiendo me meto en buena medida en las historias que cuento o denuncio, ¿por qué no hacerlo chupando cámara? El que esté libre de pecado, además, que tire la primera piedra; ¿o acaso cuántos de los presentes no sois, en el mejor de los casos, precarios y precarias, independientemente de que tengáis o no un sueldo? Son los tiempos que nos ha tocado o nos han obligado a vivir, Rajoy por lo menos, a ver qué nos depara Zapatero, ups, perdón, Pedro Sánchez.

Tal y como figura en la declaración de intenciones del Canal que hoy estreno: “La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos” (Darío Fo). Por ese he elegido este formato de hastags de: #risasforzadas #quenodecaiga… #geografíasdelaprecariedad (con permiso de Jorge Moruno y su último libro No tengo tiempo) porque sólo la risa puede salvarnos de nuestras propias cadenas y también de las impuestas. La risa y la sana ironía, ya sabéis que yo no entiendo de otro lenguaje 😉 Y aunque los cuentos sean tristes, creo que este país necesita tomárselos con un poco más de humor que lastime; que para lágrimas ya tenemos bastante conque la procesión vaya por dentro y con los diarios y demás variedades de programas/reportajes de testimonios en primera persona que desaniman más que subir la moral y, desde luego, bloquean toda posibilidad de rebeldía y cabreo.

Nota: el post es una reedición del ya publicado el 24 de mayo de 2016, pero como veis… su vigencia sigue casi intacta.

Nota: este primer vídeo es un microcorto sobre la situación de la mujer presentado al concurso organizado por Cultura Inquieta.