1 de Mayo. Día del trabajo. Día de todos los trabajos

 

Hombre a la luna

Llegada del hombre a la luna / Internet

El padre de Lúa es psiquiatra. No comparte, no obstante, esa idea de que el nombre que le pongas a tus hijos condicionará, así, de forma innata, buena parte de su conducta, virtudes y traumas en el futuro. La verdad es que nunca se lo pregunté, pero es una afirmación que hago porque sé lo que piensa sobre ciertas teorías más próximas al esoterismo que a la ciencia. Lo sé por eso y porque, de pertenecer a esa extraña escuela, habría sido una locura elegir el nombre de un astro tan inestable, que si creciente que si menguante 🙂

Lúa llegó al mundo de forma convulsa, quizás en un intento preventivo de ir haciendo callo ante la realidad que se iba a encontrar ahí fuera. Se resistió durante 72 horas, las mismas en las que España ya estaba en los minutos de descuento, cruzando los dedos para que una última contracción nos evitara volver a las urnas. Ahora que ya ha pasado todo y, teniendo en cuenta que no he sido yo la que ha tenido que empujar y desesperar, pienso que, tal vez, también ella quiso dar una última oportunidad a los adultos para ponerse de acuerdo; consciente de que, de lo contrario, la sintonía de sus primeros meses de vida va a ser la del ruido y el ruido contamina.

Van a dar igual todas las canciones tristes que le gustan a su padre o la de veces que su madre le baile el Dogs days are over de Florence + The Machine. Cuando hay elecciones no hay material de insonorización capaz de aíslarte del mismo runrún y si, además, el técnico de sonido ha pulsado la tecla: activar repetición, como parece que así ha sido el 20D, pues apaga y vámonos .

Portadas luna

Portadas llegada del hombre a la Luna / Internet

 

Cápsula del tiempo

Su tía politoxicómana dentro de la legalidad le regaló la prensa del día, de su día. Una especie de cápsula del tiempo para que con la edad, aunque en la escuela obvien hablarle de la memoria histórica, ella tenga constancia de lo que pasaba en el mundo cuando lucía un diminuto jersey de lana verde con las mangas en su sitio, que diría una de sus abuelas. Siendo hija de quien es, el glamour y el hipsterismo va a salirle por los cuatro costados así que, lo primero que le llamará la atención, seguro, es lo vintage de semejante lectura ¡Periódicos en papel!, dirá. Después, quizás se ponga un poco triste porque la palabra más repetida ese día fue la de Fracaso, Legislatura fallida. Lástima no poder redactar ya las informaciones del futuro para saber si 20 años después la izquierda habrá conseguido entenderse o tendremos que asumir que lo suyo es un mal congénito de fácil diagnóstico pero difícil cura.

Conste que, ya puestos a hacernos esperar, mejor así que nacer el día anterior, pues a estos titulares habría que sumarles la cruz del aniversario del accidente de Chernobyl. Sus efemérides, sin embargo, como bien describió su padre, molan, porque más allá de la política, un 27 de Abril también nacían Isobel Campbell, Nacho García Vega y Marujita Díaz, “así que claramente está reservado para gente con mucho talento”. También murió Buda, que en lenguaje zen es, obviamente, una buena noticia, alcanzar el nirvana, y se fabricó el primer Seat Ibiza, “y mirad qué mainstream es ahora”.

Su tía, sí, la misma, la de la legalidad y las drogas, también se cuidó de incluir en la cápsula, para compensar, algunos clásicos, como el vinilo de Like a Virgin, de Madonna, la Barbie yoga –por lo de Buda- y la edición francesa de la Vogue, porque ya se sabe que lo francés es siempre mucho más cool, tanto para el glamour como para la Revolución.

1 de Mayo

Hoy es el Día del Trabajo y, la verdad, no me ha apetecido ir de manifestación; hoy no he tenido ganas, tampoco, de leer ninguno de los múltiples informes sobre el mundo laboral, sobre su precariedad, sobre los profesionales más castigados por el desempleo que habrán salido publicados en todos los medios. Hoy me he sentado a reflexionar y he llegado a la conclusión, a través de los inmensos y abiertos ojos de Lúa, de que vivir ya es un trabajo jodido en sí mismo y ser padres, un oficio que, sin embargo, no consta en ningún grupo de cotización.

Un oficio, además, a la cola en lo del reconocimiento de derechos y deberes, sobre todo de derechos; y ya se sabe que, como en el juego de la oca, hemos vuelto prácticamente a la casilla de salida, así que las profesiones que habían sacado peores dados hasta ahora van a tener que hacer un esfuerzo aún mayor para recuperar y avanzar.

Familia viendo llegada luna

Familia viendo por TV la llegada del hombre a la luna / Internet

Sé que habrá voces que me dirán que este post es más propio del Día de la Madre que del 1 de Mayo. Estoy segura de que el argumento será: la maternidad o la paternidad es una decisión individual –o colectiva, en el caso de las parejas-. Pero y yo me pregunto, ¿acaso ser periodista, músico o bombero no responde también a una elección? Vale, sí, es lo que nos da de comer, pero no siempre; en los casos vocacionales, en los casos en los que realmente puedes disfrutar de tu trabajo es mucho más que la nómina a fin de mes, aunque cada vez queden menos afortunados en esta situación.

Decidir ser padres y ejercer como tales implica valor, riesgo, exigencia, renuncias. ¿Qué son muchas las compensaciones? Sí, pero también las ingratitudes. Eres responsable de una vida y, sinceramente, creo que muchas veces se nos escapa esta lectura, sobre todo a los que hemos decidido, legítimamente, no tener hijos, que no somos ni mejores ni peores que los que han optado por tenerlos.

Reloj biológico

No creo en la maternidad como una experiencia mística, sobre todo de las mujeres, para sentirse verdaderamente completas y realizadas; ni en la necesidad del hombre de perpetuarse. Creo que influyen otros factores a la hora plantearse tener un hijo y que, una vez decidido, la sociedad tenemos que asumir que es una carrera, un trabajo, igual de exigente que el de vivir, o más aún, porque ahora ya no eres responsable sólo de tu propia vida.

Por eso yo hoy celebro el 1 de Mayo como el día de todos los trabajos. Y le dedico la entrada a Lúa, obviamente, y a sus padres; pero también a los míos, sobre todo a mi madre, que se superó en lo de los “deberes” pese a lo injusta que la vida, y yo misma en alguna ocasión, fuimos con sus “derechos”, sin ir más lejos con el más elemental, el de que aún pudiera estar ahora entre nosotros.

 

 

 

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