Libros sanadores

No me gusta comprar libros en las grandes áreas comerciales, de hecho, creo que hasta prohibiría su venta en tales establecimientos pero me ha parecido una buena noticia que en este estado de “entusiasmo consumista” en el que estamos inmersos y que acompaña, incomprensiblemente, a la precariedad de empleo y sueldos, estas navidades hayan tenido que multiplicarse las cajas destinadas a “cobrar historias”.

Me cuentan que, además, había cobradores para títulos de todas las edades, lo que me hace albergar cierta esperanza sobre las nuevas generaciones, las mismas que van a tener que suplir con esos textos regalados lo que en las aulas, si nada lo remedia, ya no estará a su alcance.

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No voy a convertir esto, no obstante, en un alegato sobre el libre comercio, sólo intento ver el vaso medio lleno. Tampoco voy a buscar el dato comparativo del número de ventas en otros departamentos, un sesgo preventivo que no joda mi tesis sobre la buena salud de la que gozan esta nueva sociedad, las letras o ambas.

Un país diferente

Antes del 20D, la percepción –que ya sé que es subjetiva- era de que, efectivamente, gracias a esa sociedad nueva que “asaltó las librerías” asistiríamos al nacimiento de un país diferente. Los resultados corroboraron que son tiempos de cambio pero no lo hicieron con el entusiasmo que muchos preveían. O sí, y el problema es que, mal que nos pese, sigue habiendo dos Españas con una incapacidad patológica para el diálogo, la pluralidad y la reconciliación. Un País en el que, en palabras del periodista y escritor Ramón Lobo, compromiso –como en serbio- tiene connotaciones negativas y Pactar es renunciar a aplastar.

O blanco o negro; o búnker o progresía -eufemismos de la eterna dicotomía derecha/izquierda-; o vencederos o vencidos, maniqueísmos, en cualquier caso, de los que, al final, salimos todos perdiendo porque no permiten avanzar.

Todos Náufragos

Este contexto convierte la última novela de Lobo: Todos Náufragos (Ediciones B, 2015)  en un texto aún más vigente, si cabe, de lo que ya lo era antes de la jornada electoral. Una obra clarividente sobre una realidad que muchos desconocen, algunos ignoran, otros tantos hacen por olvidar, la mayoría esconden y unos cuantos, los menos ponen en evidencia. Pero de aquellos polvos siguen viniendo estos lodos.

Sólo la herencia del nacionalcatolicismo, por ejemplo, puede explicar la rabia que había tras las palabras de Cayetana Álvarez de Toledo la noche de Reyes, y que un comentario que no debería de haber pasado de simple anécdota se haya convertido en tema de debate del propio Consejo de Ministros. Ese mismo legado es el que está detrás de las distintas muestras de comunicación verbal y no verbal que caracterizaron la reciente constitución del Congreso, inauditas en cualquier democracia seria y adulta.

Y así España lleva diez siglos atrapada en una noria, discutiendo sobre las mismas cosas, enfangada en la misma mierda, con una incapacidad congénita de comprender y respetar al otro, al diferente y de reírse de sí misma. Falta cultura, política, educación y sentido del humor (RL)

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Crónica personal, política y social

Aunque Todos Náufragos se presenta, en principio, como un ejercicio personal, de ajuste de cuentas con su pasado, con su padre y su uniforme de la División Azul, excede su individualismo y se convierte también en la crónica política, social e histórica de toda una época. Influenciado, supongo, por la deformación profesional y la importancia que el periodismo otorga al marco: Somos buscadores de contextos, escribe, recordando a Kapuscinski, “lo que ha hecho Lobo en este libro es lo que la democracia española no se atrevió a hacer ante el pasado franquista. El silencio y el engaño no son una solución. Sólo la verdad es higiénica, justa y reparadora”, apunta García Montero en Infolibre en su Verso Libre dedicado a la novela.

Leía el otro día en otra crítica que Todos Náufragos debería de ser lectura obligada para los nuevos bachilleres porque, efectivamente, no hay historia reciente de España que aporte una radiografía tan ecuánime y precisa de buena parte de lo que ha sucedido y cuáles son muchas de las claves del estado de inmunidad permanente en el que vivimos ahora. Tuvimos una extraordinaria oportunidad de regeneración (…) y la perdimos al sustituir memoria histórica por amnesia ética, valores democráticos por pelotazos económicos (…) Después de casi 40 años de democracia no hemos sido capaces de construir una exigencia ética que rechace la corrupción y la mentira como formas de hacer política o de ejercer el periodismo, que penalice a los estafadores y a los simuladores (…) Nos ha faltado valentía para revolucionar la Educación (…) y una sociedad inculta y mal informada es más fácil de manipular (…) Nos faltó vivir un proceso generoso de memoria, verdad y reconciliación (..) Hoy la izquierda, si es que se puede seguir pensando en esos términos, está en los movimientos sociales que surgieron del 15M y que tienen aún la tarea de construír un relato que diferencie los sueños de las promesas electorales (RL). Los gestos, añadiría yo, del compromiso.

ramon lobo capa

Foto robada del referendum al que Ramón Lobo sometió en Facebook la compra de esta capa como complemento terapéutico de la novela 🙂

Naufragios y rescates

Y es que cerca de 400 páginas dan para mucho, para hablar del 36 y del 15M; para vivencias individuales pero también para las colectivas; para crónicas de otras guerras y para la crítica de los nuevos gestores del periodismo, aquellos que precisamente ya no permiten contar esas guerras, prisioneros del ruido y la inmediatez, alérgicos al gran reportaje, a la palabra pausada, a la voz propia, que no a las estrellas. Estoy segura de que son varias las generaciones que se pueden ver reflejadas en los diferentes contextos del libro, identificarse con cotidianeidades tales como la del sabor a la carne del hueso del tuétano o la de los parquéts impolutos que había que atravesar sobre balletas para llegar a la habitación de destino. Muchos aprovecharán para hacer sus propios ajustes de cuentas. En el caso particular de Ramón Lobo, yo creo que, al menos en lo personal, el ajuste se saldó con más rescate que naufragio y con reconciliación, por lo menos consigo mismo. A ver qué opinan ustedes.

Ups, y perdón por el Spoiler 🙂

 

 

 

 

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