Libros perdidos (2)

Libros perdidos

Aún no hace ni un mes que el azar o el tiempo –Noviembre siempre es jodido para los recuerdos- me llevó a darme de bruces con una antigua edición de Bonjour Tristesse. 

Decía entonces que era una de las cosas que más había echado de menos al otro lado del charco, revisar de cuando en vez mi biblioteca y tener aún la capacidad de sorprenderme con lo que yo llamo mis Libros Perdidos.

No sé si porque, a veces, hay meses que tienen más de 30 días; si porque saber de la familia, de nuevo reunida ante una mesa de paella pero ya aquí al lado, como quien dice, me ha puesto nostálgica o porque hacía mucho tiempo que nadie escribía algo que me impactara y me identificara tanto como la metáfora de Javier Sancho sobre literatura y orfandad, que he vuelto de puntillas a la estantería donde Françoise Sagan pilla polvo.

Y digo de puntillas porque, como Sancho, no he leído parte de esos libros y no sé por qué, de repente me entró miedo a lo que me pudiera encontrar al abrir, al azar, cualquiera de sus páginas. Por lo de pronto, una pajarita de papel, que claramente es muy posterior al 1958, y después, este otro párrafo, ya para concluir el relato:

Sólo que, cuando estoy despierta en la cama, en la madrugada, con el ruido de los coches de París, algunas veces la memoria me traiciona: es que vuelve el verano con todos sus recuerdos (…) Algo siento entonces en mí, algo que acojo por su nombre, cerrados los ojos: Buenos días. Tristeza.

Françoise Sagan, Bonjour Tristess. Ediciones Júpiter, Montevideo 1958

 (…) “Después de eso, hay pocas cosas que den más miedo. Casi nada. Porque si la inmortalidad existe, sabe a este amor que a veces es dolor y alegría, amor así que no se me va, aunque ella no esté (…)

Huérfano del todo ya, quizá sea un naufrago más, como el Ismael de Moby Dick, o como el amigo que donó sus libros (…) Yo aún quiero conservar un rato el olor de esos libros antiguos, el silencio de mis padres, su presencia. Es posible que los deje ir. No sé. Pero como el naufrago Ismael sé que también me salvé de algo, que sobreviví a la marcha de los míos antes de tiempo. Aun empapado y con frío, herido, confuso, estoy aquí, de nuevo en tierra. De nuevo… Ya les contaré lo que siga”

Qué hago con los libros de mi madre

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