Te debo un agarrao

baile

Fuente Internet

Hoy toca libro y, dadas las circunstancias, previsibilidad. Como previsible era que en la batalla contra Casiano, el muy cabrón ganara finalmente en el segundo asalto. Nacho lo sabía, éramos los demás los que no quisimos superar la fase de la “negación” y preferimos autoengañarnos construyendo un imaginario en el que, en cualquier momento, Rabudo se levantaría de la silla en la que ya llevaba meses postrado y entregaría, con el orgullo que dá la victoria, la segunda parte de El mejor peor momento de mi vida  (Paidós, 2014).

Es lo que tiene nuestra soberbia de creernos invencibles, es lo que escribió otro rabudo, certera y lapidariamente,  “A especie está acostumada á morte pero/ os individios non” (Palabras Contadas, Edicións Xerais, 2006). Pero cómo acostumbrarse cuando ni nos han educado para tener una relación normal con la otra cara de la moneda que es la vida y cuando te sale cruz en el momento en el que más estás disfrutando de ella.

Monedas

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Estos días se han escrito y dicho muchas cosas, y se seguirán diciendo y escribiendo, pero entre todas ellas yo me he quedado con las de la persona que, sin duda, más lo amaba y mejor lo conocía, Ainhoa, la paciente pasiva. No sé si por el carácter que imprime ser navarro, si por la deformación profesional de tantos años ante un micro en cualquier circunstancia o simplemente porque, como Nacho, es un ser fuera de lo normal, clavó, breve, clara y concisa, todo lo que era su compañero, nuestro amigo. Y de todo lo que dijo yo me quedo con lo de “activista de la vida”, por eso me jode aún más y me parece todavía más injusto que le hayan salido tan malas cartas en esta segunda partida.

Cuarto milenio

Fuente Internet

Es paradójico, porque es como una broma macabra del destino, es como una especie de humor negro, del que a él le molaba y practicaba, siempre que se quedara en eso, en humor con el que al final echarnos unas risas. Como las que, sin duda, se habría echado ayer si al final todo hubiera sido un mal sueño o uno de sus relatos y pudiese ver y después narrar la inmensa corona que presidía su caja: “Cuarto Milenio. Iker Jiménez”. Es más, cuando la vi crucé los dedos, cerré los ojos e imaginé por un momento que, efectivamente, estábamos en un capítulo del programa y, por tanto, al final Nacho aparecería mandándonos a todos “ao carallo” como mandó, al despedirse, a su prima. Que hay muchas formas de decir te quiero y Nacho las manejaba todas.

Legado y vigencia 

Tenía mala hostia, conste, lo que eufemísticamente Ainhoa describió como ser “intenso”, pero el corazón más grande y generoso que puede caber en una caja torácica y por eso su “blogoterapia”, su “exhibicionismo” ha sido mucho más que su autoayuda; ha sido un acto de amor para todos los que están pasando por una situación similar, que ahora se cagarán en dios porque pensarán que tan sólo están entreteniendo el tiempo, ¡pero qué forma de entretenerlo!, añado, y reitero la frase de Ainhoa “activista de la vida”.

Es parte de su legado, es la lección que debemos de aprender, la de su tenacidad, la de su Carpe Diem, la de exprimir todo lo que pudo y más unos meses, unos días que, ahora, sabemos que eran una prórroga, demasiado corta para poder cumplir el sueño de, por lo menos, ver crecer a sus hijos pero lo suficientemente larga para demostrar al mundo que el cáncer se llama cáncer, hostia, no enfermedad de larga duración, y que, como todo en la vida, hay que cogerlo por los cuernos y tirar pa’lante.

dolce-vita-sepia

Fin de año. Escuadro 2003

El mejor peor momento de mi vida, por tanto, es, si cabe, una lectura más que vigente pero es una obra universal, para todos los públicos y yo hoy me quiero quedar con el amigo; hoy voy a pecar también yo de exhibicionista y soberbia porque ya no tengo más palabras pero sí tengo un inédito. Un texto-regalo por mi 40 cumpleaños que demuestra su capacidad de amar, aún cuando reconozco que yo no estuve suficientemente a la altura de todo lo que él me dio.

(…) Mal sabía la señorita que, además de una ciclista inglesa homónima que destaca en ciclismo y en remo, Rebeca Romero es un ser humano excepcional afincado en Pontepedriña. Alguien que te abriga con el nombre y te cura con el apellido no es una persona del montón. Cervantes incluyó el romero como uno de los ingredientes del Bálsamo de Fierabrás de Don Quijote. Shakespeare, en boca de Ofelia, explicó en Hamlet sus supuestas propiedades: “Traigo romero para los recuerdos. ¡Recuerda , mi amor recuerda!” A un tipo como yo, necesitado de abrigo y de memoria a partes iguales, a Rebeca Romero deberían recetársela en pastillas. Además, ahora que es dos personas en el traje de una, abrigo y memoria en ración doble. Ponte zapatos cómodos, Rebecop, que te debo un agarrao. Y que nos quiten lo bailao. Recuerda, mi amor, recuerda.

Saturno é aquí, VV.AA (texto colectivo regalo por mi 40 cumpleaños)

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Un comentario en “Te debo un agarrao

  1. Cuánto amor y dolor deja Mirás, para muchos, como yo incluída, que sin conocenos nos adentramos en su vida y volvimos a recorrer Santiago de su mano. Cuànto que aprender pero qué pena que todo lo que le quedaba por contar tenga que esperar a que nos reunamos en el Parnaso. Que todos los que le aman descubran el invencible verano de su interior en medio de este invierno que diría Camus.

    Yo, desde León pero con mi Ourense natal en la mente y volviendo a mi época de estudiante de la USC, seguiré recordándole y releyéndole.

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