Ni foto ni pescado

Aylan no es una foto, es un cadáver. Tampoco es un pescado, es (era) un niño. Llamo la atención sobre lo obvio porque algo me dice que cuando se nos empiece a ir la marca de la hostia que hemos recibido en toda la cara, ni siquiera todos los ciudadanos de bien que han sabido reaccionar frente al inmovilismo y la burocracia de la Unión, repararán en mucho más que en el impacto de un instante. La imagen de Aylan, con el tiempo, me temo, será un nuevo debate sobre la ética fotoperiodística y una de esas fotos del año, numerosas veces laureada, que pasarán a la historia del arte denuncia.

foto historica

Fuente Internet

Digo esto convencida de que siempre tiene que haber una gota que colme el vaso y sintiéndome muy orgullosa de comprobar, efectivamente, que algo está cambiando en la sociedad civil. Considero, por tanto, que la foto era necesariamente publicable pero, que levanten la mano todos los que sabían que había una guerra civil en Siria? Haría una siguiente pregunta, para que también levantaran el otro brazo los que pudiesen aportar un poco de contexto al conflicto, pero detesto el olor a sudor, no hay nada peor que esas manchas en la ropa alrededor de la axila, y percibo un exceso de vergonzante transpiración por el sobaco, así que, tranquilos, ni os molestéis en ir a por el desodorante y quedaos como estabais.

A Aylan lo hemos matado todos, quizás por eso el despertar de muchas conciencias y el meter la cabeza como el avestruz de tantas otras que, por desgracia, son la mayoría que manda y ordena. Pero es que antes de Aylan han muerto algunos más, que seguro también tenían nombre, e incluso mientras lloramos al pequeño no han cesado las víctimas en un mar que aún huele a bronceador, a aceite de yate y anuncios de Dolce y Gabanna.

mediterraneo

Fuente Internet

Nos quedan las hemerotecas y sería obligatorio revisarlas para que, ya llegados a este punto, por fin la muerte sirva de algo. Nos quedan las hemerotecas y alguien debería rescatar también de ellas la reacción, no hace muchos meses, de Angela Merkel, haciendo llorar a una niña refugiada. Porque ya en ese momento debimos haber hecho algo más que invadir de memes y lamentos las redes.

Ahora parece que a sus señorías les hemos apretado un poco más las clavijas pero, como si tratara de un jurel o de una pescada, afrontan el conflicto definiendo, en esas mesas alargadas repletas de bolis caros y portafolios repujados, una ¡política de cuotas! y claro, los países nunca estamos conformes con lo que nos dejan pescar o con la cantidad de leche que nos dejan producir. Así que esperanza, poca.

La verdad es que hasta ahora nunca lo había visto de esta manera pero, releo, reviso mi pasaporte y, efectivamente, creo que tengo cierta cara de merluza… o quizás simplemente se me ha puesto mientras cruzaba alegremente fronteras disimulando, eso sí, que era periodista y ajena a las noticias que venían de Europa.

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