¡No me toquen los c…olores!

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Ayer me pinté los labios de color naranja. Las sandalias también. No, no es que les echara yo el tinte, simplemente nos pusimos de acuerdo. Dicen que es el color de la creatividad, realmente es ideal para el verano, pero desde que la nueva política ha usurpado antes el espacio de la forma en detrimento del del fondo, casi tienes que pedir perdón según cómo salgas vestida de casa.

Vestida y peinada, porque si hay colores que se han convertido en tabú –a izquierda y derecha- qué decir de la coleta o, leído lo del sueldo del peluquero de Hollande, cómo no denostar una coronilla deshabitada.

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Mundo capilarmente mal repartido

La barra de labios era de mi madre, ese es el verdadero motivo por el que la uso poco, no porque tema que me acusen de “Ciudadana”; entre otras cosas porque, qué coño, también lo soy. Recuerdo que a ella lo de los colores, cuando yo era pequeña, le afectaba sobremanera. Nunca nos vistió de rojo y gualda, por ejemplo, por aquello de no parecer una bandera en la que, además, mucho no acreditaba.

Con el tiempo, la Vogue y Ágatha Ruíz de la Prada la combinación patria no acabó de convencernos, pero por pura cuestión estética; no obstante, asumimos sin problema mezclar fucsias y bermellones, otrora pecado mortal del buen uso de la paleta cromática.

Habíamos evolucionado, el país había evolucionado, las modas también lo habían hecho y aunque se seguía hablando del outfit de la política, siempre era una información menor, de color, propia de un segundo paquete en términos de maquetación. Hoy, sin embargo, los tiempos han vuelto a cambiar, que no me atrevería a decir que a evolucionar, y primero somos naranjas, es decir, fachas, del mismo modo que primero somos morados y, después, explicamos cuál es el nuevo concepto de marxismo o socialdemocracia.

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Conste que, en este momento, lo que más me jode de la situación es lo que limita mi fondo de armario porque de lo demás ya estoy curada de espantos y vistos los resultados del 26J creo o espero que unos cuantos más también hayan sanado.

Si esto es así, si realmente la medicina ha actuado como terapia y no como placebo, calculo que, con suerte, para este invierno ya podremos desempolvar abrigos morados, azules o anaranjados sin problema. Y pintarnos los labios de igual color, libres de prejuicios y de etiquetas porque, como dice el refrán, aunque la mona se pinte de seda mona se queda mientras que la belleza, recuerden, siempre está en el interior.

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Todos los abrigos están ocupados

Hay paradojas en la vida que realmente son o parecen una provocación, aún sin quererlo. Durante la última epístola a los Apóstoles: de Pedro a Pablo y de Pablo a Pedro de este fin de semana, se ha colado en el medio del debate el abrigo de piel de una periodista. Es el mismo fin de semana en el que se está celebrando la cumbre económica de Davos, en un idílico paisaje de los Alpes Suizos, describen las crónicas; eso sí, a unas escandalosas temperaturas bajo cero, añaden, como preocupados los reporteros por si sus señorías pasan frío en los lujosos hoteles bien caldeados en los que debaten y se hospedan. Una tormenta de nombre Jonás –que nos está quedando todo como muy bíblico y profético- ha hecho de Nueva York una postal nevada por la que muchos atravesaríamos el charco aunque fuese a nado. Y yo no he movido el culo de mi puesto de observación bien arropada por el edredón de verano y en manga corta, porque a esta casa han llegado todas las crisis menos la energética, y es que no hay metros cuadrados ni para eso.

NY Jonás

El caso es que busco la última hora sobre la crisis de los refugiados y descubro que hoy o ayer –da igual el día porque mañana y pasado será lo mismo – han muerto una niña y una madre en Lesbos. Hasta aquí todo trágicamente normal, porque el conflicto prácticamente ya ha dejado de existir, los medios y sus agendas ya han conseguido, de nuevo, anestesiarnos ante un dolor repetido, ante una realidad que creemos nos resulta ajena y en la que, por tanto, ya asumimos la muerte como un mal casi intrínseco a la huída de una guerra.

La paradoja o la provocación vienen de que estas muertes ya no se cuentan o retransmiten desde la excepcionalidad o la “anécdota”, como la de Aylan, sino al peso, y ya no son causa, sólo o mayoritariamente del naufragio y ahogamiento, sino de la hipotermia. Huír de las balas implica enfrentarse a otro tipo de munición: el mar y el clima. Y estamos en invierno. Y hace frío. Los mismos grados bajo cero que en Davos pero con distintos sabañones. Los mismos grados bajo cero que en Nueva York pero sin Pradas ni Armanis que echarse al hombro, y a la espalda, y a los pies, y a la cabeza… me atrevería decir que hasta a las tetas, que también sufren lo suyo si el aire es gélido.

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Abrigos ocupados, disculpen las molestias

Frío romántico, frío bucólico y frío mortal, pero es que todos los abrigos están ocupados, muchachos, y, además, ¿dónde se vio desperdiciar una prenda de tanto uso en una mortaja? Que ya parecéis mi madre, preocupada por si para subir al cielo sería mejor llevar los calcetines puestos.

Los voluntarios y profesionales freelance que están aportando algo de humanidad a esta tragedia, rescatando y rescatándo-nos también a algunos de nosotros de nuestra tontera, han publicado todo tipo de fotos, de mayor o menor dureza, con el ánimo de concienciar. Se han hecho ejercicios comparativos con imágenes de antaño, de nuestra propia realidad, cuando también los españoles tuvimos que marchar y ni así somos capaces de entender que Siria no es un país ni un conflicto tan lejano. No hablo ya del resto de Europa, ese viejo continente que pasó del compromiso de acoger a 160.000 refugiados a dar asilo sólo a 82, sumando para el resto humillación y xenofobia a su paso por Hungría, Polonia, Noruega

Veo las imágenes de la deportación desde este país a Rusia por el Ártico y sí que me empieza a entrar cierta sensación de irrealidad, de que esto no va conmigo, no por falta de empatía sino porque, desde lo racional, sólo me cabe en la cabeza que estemos ante una ficción, ante un gran rodaje global, recreación de aquellas épicas batallas napoleónicas, de aquellos tiempos de Anna Karenina…. Y también me digo, ya de retroceder tanto en la historia… mejor habernos quedado en los felices 20, que como su propio nombre indica, eran felices, y por lo menos había que ir mucho más ligeros de ropa.

Fdo: Mi abrigo y yo

 

 

 

 

 

 

Refugiados y pasarelas

Me voy a Nueva York. Entre muertos (sirios) y suicidas (independentistas) los medios han conseguido que, prácticamente, me la sude, tanto el futuro de los catalanes como el de los refugiados, así que me piro, que este es el mes de la moda y parece que ya ni la Vogue se acuerda de ello.

Además, alguien dijo que ante esta crisis, la comunidad internacional –impone solo escribirlo- estaba siendo especialmente sensible, no por la brutalidad de la misma, no porque Aylan les haya despertado la conciencia, sino porque eran cadáveres con color y ropas de occidenteles, así que igual encuentro algo apañado en los desfiles que les haga justicia. Justicia estética, digo, porque de la otra… ni la política de cuotas, ni los selfies de Ángela Merkel, ni la bonhomía nada electoralmente oportunista de Rajoy creo que realmente saliesen absueltas de ningún tribunal.

semana de la moda

Semana de la moda de NY 2015. Foto de la revista Glamour

Sí, sé que quizás me esté pasando con la acritud, pero es que hoy me siento un poco como Xosé Cuns cuando grita No me pidan calma. Porque me van a perdonar, pero es que no entiendo nada y conste que siempre se me dio bien la geografía, la humana, por lo menos; mi problema debe ser, entonces, que lo que nunca llevé bien fue eso de las fronteras.

Tampoco me han gustado nunca las guerras, ni las armas, salvo el florete, pero por puro estilismo, no hay deporte más elegante que la esgrima pero la estética, en principio, no mata.

Tú sí, tú nó

Estos días no fuimos tantos los que rescatamos de las hemerotecas el vídeo de la canciller alemana haciendo llorar a una niña palestina porque también quería ser refugiada y ante mi pregunta redundante en twitter de por qué a ella se la mandó a su casa, alguien me contestó un resignado: “las preguntas del millón para las que nunca tendremos respuesta”.

Reviso un poco el mapa geopolítico mundial y una información sobre otras crisis humanitarias y entiendo que lo de Palestina también es un conflicto, ¿no?, ergo aquella niña debería ser susceptible de ser refugiada. Ya no digo los muertos de Melilla o de Lampedusa, vale, que esos ya me quedó claro que tan solo tenían hambre y, como dice el presidente Húngaro, “¿desde cuando se considera un derecho humano aspirar a una vida mejor?”

Sabe dios lo que me diría ese señor si le sugiero que en España también estamos en guerra, que en España –según el último informe de Intermón-Oxfman- hay ya más de tres millones de víctimas de otro tipo de balas, con otro tipo de heridas, las que produce precisamente la miseria. Pero el problema no es solo que ese señor discrepe, sino que quizás ni se haya enterado porque la noticia ha sido convenientemente camuflada entre el dolor ajeno de tanto testimonio con música de romperte el corazón, por un lado, y tanto color rojo y gualda, pero con barras y estrellas, por el otro.

GRA258.BARCELONA 11/09/2015.- Manifestación Via Lliure convocada por las plataformas independentistas convocada en la avenida Meridiana de Barcelona a favor de la secesión, coincidiendo con la primera jornada de la campaña electoral de las elecciones catalanas del 27S. EFE/ Andreu Dalmau.

Foto Efe/ Voz Populi

Por si ya estaba poco confundida, de repente, con Melilla hemos topado, aún no he visto si ha Rajoy se le cambió la sonrisa de membrillo y se le puso cara de concertina, pero el caso es que Welcome, sí, y Bienvenido Mr Marshall, también pero… por Melilla o pagas o no pasas. ¡Y qué decir de Alemania!, que de los selfies ha pasado repentinamente al candado, ¿será que estos días Ángela estaba borracha y le pudo la exaltación de la amistad?

viñeta refugiados

CIRÉ-asbl

No sé, que está claro que como decía la legisladora del Partido Verde en la oposición, Katrin Goering-Eckardt, en el caso de la niña palestina y extensible a la situación actual, “los errores en las políticas de refugio del gobierno no se pueden resolver (ni con selfies) ni con caricias”.

Por eso me marcho, o mejor dicho, pensaba marcharme, porque pensándolo bien, las pasarelas de las mecas de la moda lo que nos van a enseñar durante este mes son sus creaciones para la temporada primavera-verano de 2016 y para entonces, estoy segura de que ya no encontraré a quién entregar todas esas prendas, o quizás sí, pero tal vez lo que no me sirvan sean las tallas. Porque mortajas, los diseñadores, por muy excéntricos que sean, todavía no trabajan.