El pelo del coño

No, esto no va de depilación brasileira, de rasurados o de felpudos. Esto va de lo que va. De cuando el pelo de tus partes se nos sube a la cabeza ¡Y ojo!, que nada más lejos de la metáfora. Se trata de la última ocurrencia de la Semana de la Moda de Nueva york que se celebra estos días: Las pelucas Vulva.

Tampoco. No se trata de postizos hechos con pelos íntimos, sino de unas bragas peludas de colores puestas a modo de tocados próximos a las crestas Punk o a los nidos de pájaro.

Captura de pantalla 2018-02-21 a las 11.49.49

Foto: El Periódico de Catalunya

No he tenido mucho tiempo para documentarme sobre el origen y motivo de esta creación -la actualidad manda y ya voy con mucho retraso- pero algo me dice que, quizás, lo del sombrero vaginal sea más un grito que una excentricidad. Una forma de sumarse a las reivindicaciones del 8-M, ahora que tan cerca estamos de la huelga de ovarios. 

He llegado a esta conclusión tras leer, primero, y ver, después, la frente despejada de Anna Gabriel desde Suiza. Y es que, en su caso, nada mejor que echar el flequillo a un lao para ratificar con gestos que lo que para algunos es escurrir el bulto para la mayoría es ir de cara. Es cierto, lo más seguro es que haya sido un cambio más político que estético, recuperación de su color natural incluida para suavizarle los rasgos, pero también toda una lección para acabar con clichés y estereotipos, como los que la hacían más en Cuba o en Venezuela.

Y ahí es donde se delatan el unionismo y la caverna, en que no se les pueden romper los esquemas y menos si es para tener que mirarse al espejo ¿Pero cómo, que esta sediciosa sabe idiomas, uno tan elegante y sutil, además, como el francés? ¿que se instala en países que son “paraísos reservados” para nosotros, el pulcro capital? ¿dios mío, si hasta podría ser una de las nuestras?

Patriarcado y clase social

Nos ha dado un poco la risa y la indignación que ciertos medios hayan hecho escarnio e madicer del susodicho cambio de look o, peor aún, que hayan limitado sus informaciones a la anécdota frente a los hechos vergonzosos y vergonzantes que nos han traído hasta aquí, a nosotros y a vosotros; y al país del reloj de Cuco, a ella.

Anna Gabriel se ha marcado un “dientes dientes, que es lo que les jode” en versión hair style y la peña ha picado. Tenía que picar porque son así de previsibles y cada día, además, menos disimulados. El problema de fondo no es, ni siquiera, estratégico o político en el sentido de un nuevo ridículo internacional para España, sino un problema de clasismo. Que rima con machismo, pues, al fin y al cabo ¿qué vamos a denunciar el día 8 y todos los días? Desigualdad.

Virgine Despentes lo explicaba muy bien en una reciente entrevista, aprovechando su estancia en Madrid. Se refería a su forma de entender el feminismo, de tal forma que la clase social está en el centro mismo del análisis, y ponía como ejemplo las críticas de la actriz francesa Catherine Deneuve a la campaña #metoo.

Si lees, por ejemplo, la carta de Catherine Deneuve contra el “puritanismo” del #metoo, te das cuenta de que es un texto en el que mujeres de la alta sociedad expresan la rabia de los ricos. Más que feminismo, ese texto ejemplifica hasta qué punto los ricos parecen estar molestos por el simple hecho de que las víctimas se quejen. Se podrá leer en claves diversas, pero para mí lo que refleja ese supuesto manifiesto no es más que un puñado de ricos que no soportan que ciertas personas traten de poner límites al ejercicio, según ellos legítimo, de poder que desempeñan sobre otras personas. Parece que el problema es nuestro como víctimas por no sabernos comportar como es debido y agachar la cabeza de forma obediente. Dicho de otro modo; no creo que una cajera de Alcampo suscriba ese mismo texto.

Pues en el caso que nos ocupa, en cierto sentido, pasa un poco lo mismo. Las mujeres de orden han descubierto que Anna es guapa y eso las saca de sus casillas. Sus hombres, estoy convencida,  hasta se han hecho pajas comentando la jugada: pues sí que estaba cachonda la catalano-jarraicita esta. Y Rajoy diría: pero zi era una chica normal.

Y así todo. Así de triste y de simple, mis queridos y queridas hombres, mujeres y niños. Incluso lo que nos parece una chorrada, a nada que rasques, deja en evidencia un estado, un gobierno, un sistema que se resiste a la normalidad. Un orden supuestamente natural en el que el patriarcado impone sus normas y estas incluyen no molestar a sus señoras con chicas de poca clase que, de repente, también pueden ser princesas; para colmo, tienen estudios y, además, se permiten el lujo de no necesitar un príncipe que las mantenga.

Jardín oriental

Algunas optamos por el flequillo por decoro, por no ofender demostrando los 7 cms de inteligencia que desbordamos entre el nacimiento del pelo y el de las cejas. Eso, y ocultar sutilmente algunas molestas manchas de nacimiento, vale, lo asumo. A Anna Gabriel, en mi opinión, no le favorecía, o es el corte de pelo, que no le acompañaba; pero para gustos, colores. Y para gestos, lo mismo.

De hecho, efectivamente, las famosas pelucas con las que comenzamos el post pertenecen a la colección Jardín Oriental del estilista surcoreano Kaimin. Se trata de unas piezas que  ya la usaban las prostitutas a principios del siglo XVII después de afeitarse los genitales y que se conoce con el nombre de ‘merkin‘ . Ahora, según leemos en las crónicas, el diseñador las ha recuperado para  “fomentar la igualdad“.

Todas las diferencias, incluso si no se comprenden completamente o no se está de acuerdo con ellas deben ser toleradas; todas las criaturas merecen espacio bajo el sol

Así que, si finalmente colocarse la vulva en la cabeza es una forma creativa y efectiva de reivindicación, pues bienvenida sea. Por esto, por Anna, por la democracia y por todo lo demás, el día 8: Huelga y libertad.

Refugiados y pasarelas

Me voy a Nueva York. Entre muertos (sirios) y suicidas (independentistas) los medios han conseguido que, prácticamente, me la sude, tanto el futuro de los catalanes como el de los refugiados, así que me piro, que este es el mes de la moda y parece que ya ni la Vogue se acuerda de ello.

Además, alguien dijo que ante esta crisis, la comunidad internacional –impone solo escribirlo- estaba siendo especialmente sensible, no por la brutalidad de la misma, no porque Aylan les haya despertado la conciencia, sino porque eran cadáveres con color y ropas de occidenteles, así que igual encuentro algo apañado en los desfiles que les haga justicia. Justicia estética, digo, porque de la otra… ni la política de cuotas, ni los selfies de Ángela Merkel, ni la bonhomía nada electoralmente oportunista de Rajoy creo que realmente saliesen absueltas de ningún tribunal.

semana de la moda

Semana de la moda de NY 2015. Foto de la revista Glamour

Sí, sé que quizás me esté pasando con la acritud, pero es que hoy me siento un poco como Xosé Cuns cuando grita No me pidan calma. Porque me van a perdonar, pero es que no entiendo nada y conste que siempre se me dio bien la geografía, la humana, por lo menos; mi problema debe ser, entonces, que lo que nunca llevé bien fue eso de las fronteras.

Tampoco me han gustado nunca las guerras, ni las armas, salvo el florete, pero por puro estilismo, no hay deporte más elegante que la esgrima pero la estética, en principio, no mata.

Tú sí, tú nó

Estos días no fuimos tantos los que rescatamos de las hemerotecas el vídeo de la canciller alemana haciendo llorar a una niña palestina porque también quería ser refugiada y ante mi pregunta redundante en twitter de por qué a ella se la mandó a su casa, alguien me contestó un resignado: “las preguntas del millón para las que nunca tendremos respuesta”.

Reviso un poco el mapa geopolítico mundial y una información sobre otras crisis humanitarias y entiendo que lo de Palestina también es un conflicto, ¿no?, ergo aquella niña debería ser susceptible de ser refugiada. Ya no digo los muertos de Melilla o de Lampedusa, vale, que esos ya me quedó claro que tan solo tenían hambre y, como dice el presidente Húngaro, “¿desde cuando se considera un derecho humano aspirar a una vida mejor?”

Sabe dios lo que me diría ese señor si le sugiero que en España también estamos en guerra, que en España –según el último informe de Intermón-Oxfman- hay ya más de tres millones de víctimas de otro tipo de balas, con otro tipo de heridas, las que produce precisamente la miseria. Pero el problema no es solo que ese señor discrepe, sino que quizás ni se haya enterado porque la noticia ha sido convenientemente camuflada entre el dolor ajeno de tanto testimonio con música de romperte el corazón, por un lado, y tanto color rojo y gualda, pero con barras y estrellas, por el otro.

GRA258.BARCELONA 11/09/2015.- Manifestación Via Lliure convocada por las plataformas independentistas convocada en la avenida Meridiana de Barcelona a favor de la secesión, coincidiendo con la primera jornada de la campaña electoral de las elecciones catalanas del 27S. EFE/ Andreu Dalmau.

Foto Efe/ Voz Populi

Por si ya estaba poco confundida, de repente, con Melilla hemos topado, aún no he visto si ha Rajoy se le cambió la sonrisa de membrillo y se le puso cara de concertina, pero el caso es que Welcome, sí, y Bienvenido Mr Marshall, también pero… por Melilla o pagas o no pasas. ¡Y qué decir de Alemania!, que de los selfies ha pasado repentinamente al candado, ¿será que estos días Ángela estaba borracha y le pudo la exaltación de la amistad?

viñeta refugiados

CIRÉ-asbl

No sé, que está claro que como decía la legisladora del Partido Verde en la oposición, Katrin Goering-Eckardt, en el caso de la niña palestina y extensible a la situación actual, “los errores en las políticas de refugio del gobierno no se pueden resolver (ni con selfies) ni con caricias”.

Por eso me marcho, o mejor dicho, pensaba marcharme, porque pensándolo bien, las pasarelas de las mecas de la moda lo que nos van a enseñar durante este mes son sus creaciones para la temporada primavera-verano de 2016 y para entonces, estoy segura de que ya no encontraré a quién entregar todas esas prendas, o quizás sí, pero tal vez lo que no me sirvan sean las tallas. Porque mortajas, los diseñadores, por muy excéntricos que sean, todavía no trabajan.