Personal e intransferible

Hoy es el día mundial del Alzheimer, pero, afortunadamente, de lo que yo padezco es de buena memoria; por eso hoy, seis meses después, identifico la imagen de unas maletas y reconozco el pie de foto indicando su ruta. Yo volaba en Abril, con la misma sensación de vértigo repartida entre el equipaje, con el mismo cóctel emocional campando a sus anchas por los controles de seguridad. Prueba evidente de que esas colas tediosas quitándote las botas, desabrochándote el cinturón y deshaciéndote de portátil y móvil no ofrecen grandes garantías, porque hay bombas intangibles susceptibles de estallar en cualquier momento del vuelo.

No sé a estas horas si ya habrán llegado o a qué altura estarán surcando los cielos, sólo sé que, egoístamente, me alegro infinito de que se hayan sumado al regreso. Porque los sigo necesitando, a todos ellos, pero sobre todo a los que, entre diéresis y maldiciones, siguen estado ahí. Tardaron en llegar, hubo a quien le hubiese gustado que nunca llegaran, pero llegaron y lo hicieron para quedarse. Y es que recitar el conxuro de la Queimada en trilingüe tiene que unir a huevos, con independencia del Sí o el No el próximo 27S.

queimada

Queimada Nacionalidades Históricas (Ecuador)

Resulta extraña la sensación de paz que produce saber que aquella “zona de confort” está de nuevo en casa, o que va a estar casi toda de nuevo en casa, aún cuando cada uno va a estar en la suya y dios en la de todos… ¡que ancha es Castilla! Además, bien mirado, en algunos casos volver a vernos implica tantos quilómetros como un Quito-Loja, por ejemplo; pero quién sabe, es como cerrar la experiencia de otra manera, es como no sentirte tan sola ante todo lo que implica el regreso, es volver a coincidir en la circunstancia, la del expátrida y la del retornado –aunque yo casi ya lleve más meses de vuelta de los que estuve fuera-.

Me alegra especialmente este regreso por infinidad de motivos pero no sé, cosas de la memoria, de la maldita y frágil memoria, de ese conjunto de recuerdos que al final son los que suman vida o muerte, por mucho que los órganos vitales de nuestro cuerpo sigan funcionando acompasados.

La memoria me trae a la mente dos rescates, el de un fin de semana catárquico y felliniano, lejos de mi desidia de tristeza y tigretón, decisivo para saber que lo mejor que podía hacer era coger un vuelo, aunque Compostela tampoco fuera mi lugar. Y una jam sessión en La Mancha, tras una tarde de lágrimas y mosqueo, sobre el que no hubo preguntas, sí suposiciones y miradas cómplices por algo que ya no era nuevo, solo cansino por ofensivo y repetitivo. David contra Goliat.

No sé si porque son de letras, si porque él es hipster y piscis ella pero ahí estamos, en pleno vuelo, ansiando el descenso y el reencuentro, que no entiendo  por qué pero aquí parece que las mismas distancias, sin embargo, no se sienten tan lejos. Bienvenidos, buenas noches… y buena suerte, que la tendréis, la tendremos, ya la tenemos.

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9 Meses

9 meses

Tiempo para gestar una vida o para malograrla. El vaso medio vacío o medio lleno. Un tiempo en el que no di a luz pero sí en el que me han vuelto a parir.

Con todas las gilipolleces que se escriben sobre los outfits de oficina, fiesta o playa y nadie te previene sobre el uniforme del exilio. Como supuestamente era un lugar de altura, literal y metafórico, pagué sobrepeso en tacones por la maleta pero finalmente acabé cediendo al zapato plano y quizás fue ahí donde me perdí. Es algo así como cuando cedes tu lado de la cama a un polvo reincidente, que vas renunciando a tu identidad y espacio, dejándote llevar a un territorio que no es el tuyo y que ni siquiera ha sido consensuado. Que una cosa son las cesiones, necesarias hasta para convivir con uno mismo, y otra las renuncias.

gallosYo quizás lo hice demasiado pronto, lo de la renuncia o la rendición, pero desde luego lo hice sin que nadie me pusiera una pistola en la cabeza; y ojo, que lo de la pipa no es una licencia literaria, es solo que yo no viví las Historias de Manabí, de sus fiscales, sus corrupciones y sus galleras, yo aparecí directamente en la apacible Loja, nuestro particular Macondo. El lugar de confluencia de los que de una manera u otra hemos sido expulsados del sistema y hemos venido a desarrollar nuestro supuesto talento al otro lado del charco.

Me bajé de los tacones porque así lo había hecho en Bolivia y pensé que los más de 2.000 metros de altura del centro del mundo eran suficientes para vivir la experiencia con suficiente perspectiva. Pero erré en el cálculo porque la Revolución Ciudadana y el Buen Vivir aún no significan exactamente lo mismo en los dos países y donde en uno encontré humildad y superación en otro encontré mediocridad y soberbia. El País que podría ser que camina, sin embargo, a la efímera realidad de quedarse en ser tan solo un Photocall.

ecuador ama la vidaUn país, una ciudad, una universidad que nos ha dado la oportunidad que nuestro País nos niega y que, sin embargo, es obtusa a la hora de recibir, de compartir, de explotar un conocimiento que podría complementar el suyo y enriquecer el nuestro. La arrogancia de una iglesia convertida de forma demasiado evidente en negocio que ignora que su comportamiento tiene un nombre en sus propias escrituras: el de Fariseo.

Altura de miras

Luchar contra los elementos cuando eres investigador y vas a volver con la satisfacción de un proyecto en la mochila hace que este tiempo de destierro tenga sentido y sea más llevadero pero cuando ejerces funciones administrativas, con la incompetencia y la rivalidad como estrictas vigilantes, urge volver a subirse a los tacones para tener altura de miras.

En ambos casos, con todo, hay un denominador común, porque no todo es trabajo, hay que vivir, y hay que hacerlo a 9.000 kilómetros de distancia de tu gente, de tu cultura, tus hábitos, tus afectos, tus rutinas, tus cielos, tus infiernos… todo lo que constituye una vida, vaya, tu vida.

Sobrevivir

No llegas en clase business, vale, pero tampoco en patera. Te desplazas a Machala en taxi para, sin mayor problema que entregar un puñado de dólares, recoger tu visado. Tienes, por primera vez en algunos casos, tu propia casa, y plata para viajar, esas primeras excursiones cuando todo es nuevo y aún no has asumido que tu realidad es la del emigrado. Y llegan las soledades, las individuales y las compartidas. Llegan las ausencias, llega la montaña rusa de encontrar los inputs que te permitan sobrevivir, tarea harto difícil en una ciudad que podría ser Macondo porque en ella casi todo es irreal o surreal.

visitantes interesterlares

Visitantes Interestelares

En el exilio no vives, sobrevives, por eso te buscas, te necesitas, te utilizas, te entregas, das, recibes, te aferras a los únicos lazos afectivos que vas a encontrar, con los que construir nuevas rutinas e ila virando, como se dice en Galicia; porque el Skype está muy bien, las nuevas tecnologías molan pero la economía de las emociones, como apuntan por aquí, ha hecho que muchos de los tuyos se hayan quedado en el camino y que no siempre haya alguien al otro lado del Skype.

En esta particular aventura ha habido una conjunción lunar o planetaria que lo ha hecho todo un poco más fácil, en este sentido, y ha permitido construír lo más parecido a una familia, con hijos naturales y adoptados, y con todos sus roles: el de los protectores, los egoístas, los bipolares, los inseguros, los autosuficientes, los artistas…. Lo mejor de cada casa, vaya, pero así son las familias, ¿no?

Volver

¿Pero qué pasa cuando toca volver?, ¿con o sin plan b?, simplemente porque esta vida prestada pesa ya demasiado. Que idealizas una realidad que ya no existe y aterrizas en Barajas comiéndote una hostia de desubicación y extraña euforia. Quieres comerte el mundo, recuperar tu cielo y resulta que ni tu cielo ni tus infiernos están ya ahí. Sientes, en casos como el mío, que tu ciudad, tu gente, tus rutinas se han paralizado en el tiempo mientras que tú estás a años luz de ese contexto, te han vuelto a parir y aún no reconoces la nueva realidad que se te ofrece.

Y es que volvemos creyendo que vamos a “recuperar nuestra vida” y de lo que se trata es de construir una nueva, estamos de nuevo en pañales, de ahí los miedos, las desubicaciones, la tristeza, la impaciencia… y de ahí que, curiosamente, nuestra nueva zona de confort sea la familia lojana, donde y con quien estamos más seguros y a donde nos encantaría volver sobre todo en los momentos en los que nos sentimos más perdidos y más necesitados de comprensión y afecto.

Lágrimas de Sangre

Lágrimas de Sangre Guayasamín

América no es Manu Chao

Hoy es domingo, uno de mis periódicos de referencia publicará su sección Talento a la fuga, estoy segura de que si buceo habrá algún artículo más al respecto en otros medios, la mayoría con testimonios mucho más optimistas que el de este relato; como los testimonios de Españoles por el mundo. No sé, quizás es por la edad, porque evidentemente no es lo mismo los 40 que emigrar recién acabada la carrera pero mi “familia” es multigeneracional y, desde luego, todos coincidimos en que América no es Manu Chao ni mucho menos el programa de la 1.

Latinoamérica duele, aunque todos acabemos volviendo irremediablemente a ella. Porque duele… pero también atrapa, pero eso será ya en otra vida… y vuelta a empezar.