Dios existe

Se llama Miguel Anxo, también es amor aunque la Biblia no lo diga y sí, hace milagros; yo misma soy un buen ejemplo de como puede salvar vidas.

Lo nuestro, conste, que en ningún caso fue una experiencia “cool”, como quizás me correspondería, dada mi afición a la Vogue y al The New Yorker; tampoco tuvo nada que ver con Woody Allen, en el Sergas no se estila diván, Miguel es más resolutivo que envolvente y en cuanto a mí, si de psicología y filmografía se trata, el thriller es preferencia y Recuerda mi fijación.

Lo nuestro, pese a que hable en plural, tampoco ha sido una cuestión de transferencia, de hecho mis fantasías incluso en la propia consulta tenían más que ver con un cambio de papeles que con ninguna ensoñación romántica. A veces imaginaba que era yo la que vestía la bata blanca y me enfrentaba a un paciente con personalidad múltiple, porque siempre me llamaba la atención que tras su severidad, mientras me abroncaba muchas veces sin palabras -maneja muy bien los silencios y la comunicación no verbal- y escrutaba el juego de mis manos con los anillos que siempre pongo en la mano derecha -loca sí, pero con cuidado estilismo ;)- yo descubría una agenda en la que remarcaba según que días con divertidas pintadas naif y de neón.

No, no hubo transferencia pero sí una gran confianza, un infinito respeto, una admiración total y un agradecimiento eterno, y no sólo por mí sino, y sobre todo, por mis compañeros de planta, a los que inevitablemente también observas, a veces con miedo, siempre con imaginación, porque al final el prejuicio está ahí, sobre todo cuando de Salud Mental se trata.

Y el que diga lo contrario miente, la enfermedad mental impresiona, asusta, sea depresión o esquizofrenia. Caminábamos, no obstante, hacia la normalización cuando la crisis se hizo carne y habitó entre nosotros,  ya que hoy he empezado bíblica… y mandó parar.

Bueno, no sólo mandó parar sino que todo apunta a que nos va a obligar a caminar hacia atrás: A los tiempos de los enfermos y su peligrosidad en el nuevo Código Penal, a la época en la que las mujeres tendremos hijos pero sin orgasmos y a la práctica de la lobotomía, que de hecho yo creo que en cierto sentido ya padecemos.

Como víctima de esta crisis yo he contribuido a convertir en noticia el incremento de ansiolíticos o antidepresivos; no he vuelto, sin embargo, a aquella sala de espera ni a ver a Miguel Anxo con bata blanca, pero sí he pensado mucho en él, por ejemplo cuando visito la oficina del Inem y observo: los variados perfiles, las distintas reacciones, las diferentes realidades que, sin embargo, se enfrentan todas a un mismo funcionario, burocrático, que quizás te sonría, te informe con algo más de atención que otro más rancio, pero que en cualquier caso nunca te va a preguntar por tu salud mental, se va a limitar a tu expectativa laboral.

Conozco a Miguel como paciente, como amiga y como activista: en el Prestige, en Angrois, en Sarela… la última vez que lo vi, en una conferencia sobre deshaucios, me volví a poner su bata y me preocupé porque lo vi cansado, desencantado y temí que también resignado.

Obviamente erré mi diagnóstico, que para algo es él el profesional y yo una simple amateur, y levantó la voz; él y otros muchos como él  porque, aunque todas las mareas son transversales y tienen en la crisis y los recortes su nexo común, la marea de la salud mental tiene sus propias especificidades y un mayor enemigo: El del estigma, por eso alguien tenía que romper el hielo e izar la bandera del Movemento Galego de Saúde Mental.

“OMS-Europa ya advirtió hace tres años en un informe específico que si durante la crisis se desarrollaban políticas que redujesen la protección social se incrementarían los riesgos y daños en la salud mental de las poblaciones afectadas. Nuestros gobernantes estaban avisados. El resultado que estamos sufriendo se predijo y se está cumpliendo rigurosamente”.

Esto es solo un fragmento del Manifiesto con el que estos días se han dado a conocer. Un manifiesto que no solo es análisis y denuncia sino que también propone actuación, porque Miguel Anxo es así, Miguel Anxo nunca para, nunca sentencia, nunca se acomoda, Miguel Anxo es el que te dice: ¡Levántate y anda!.

Amén 🙂

http://www.vtelevision.es/informativos/viav/2014/04/09/0031_3446812002001.htm

 

 

Homeless Chic

Glorieta de Bilbao (Madrid, #truestory):

Captador de ONG: Hola, ¿podrías colaborar con nosotros en este programa de alimentos para África?

Anne: No, lo siento, en estos momentos no puedo

Captador: Pero venga, mujer, que es muy poco al mes, una ayudita

Anne: Ya, ya lo sé, pero es que ahora mismo estoy en el paro y no puedo, además ya colaboro como voluntaria con otra organización

Captador: Pero si son sólo 30 eurillos, ¿sabes con esos 30 eurillos la de niños desnutridos que podrías salvar?

Anneclaro que lo sé, y me gustaría, de verdad, donar esos 30 euros y hacer mucho más pero ahora no puedo

Captador: Mira tía, tú misma con tu conciencia pero tú no tienes pinta de parada

indigente icono de la modaChneg Guorong

La verdad es que nunca hasta ese día me había planteado cómo debe vestir un parado. Nunca había oído hablar, tampoco, del Homeless Chic, como mucho del grunge, y que hasta la prensa seria se hiciera eco de una colección de tal nombre también es algo nuevo para mí -ahora entiendo por qué Vivianne Westwood nunca ha entrado en mi olimpo de preferencias-. Claro que hace casi 13 años que mi situación laboral no era la de desempleada, porque lleva razón el lenguaje, paro y desempleo no son siempre sinónimos, no deben de serlo de hecho, aunque sólo sea por una cuestión de salud y supervivencia mental.

Ahora bien, la polisemia no justifica la asimilación entre paro e indigencia; algunas políticas, muchas declaraciones y una cuestionable filantropía hacen lo posible por inocular en nuestro bulbo raquídeo este supuesto, como algo ya intrínseco a nuestro ADN de cheerleaders del Inem. Ya lo han hecho antes con eso de que vivimos por encima de nuestras posibilidades y ya sabéis que una cosa lleva a la otra; la crisis y la lluvia, por tanto, son una especie de castigo divino y así debemos asumirlo.

vivi5Vivianne Westwood (2010-2011)

¿Pero es la moda la penitencia?. Desconfío de ese dios que castiga, cuando los que tenemos cierta tradición judeo-cristiana, o sea, casi todos, sabemos que Dios es amor, la biblia lo dice, pero ¿una crisis de fe sobre las tendencias? eso no sé si podré superarlo.

Lo mío siempre ha sido mucho más el boho que el grunge -y así seguirá siendo mientras mi fondo de armario y la imaginación me lo permitan-, lo parisino que lo british, el asfalto que los garajes y comer a la plancha que comer frito, que ya sabéis mi fijación con la salubridad del pelo. No me parece del todo mal la irrupción de la calle en las pasarelas, aunque seas chino, es decir, bajito. Creo que incluso podría ser una bonita historia, algo así como la Rebelión de las Hunter pero en versión It girls & boys.

Cuando ya casi no quedan colores para las mareas manifestantes y cuando hasta las olas se clasifican por tallas (XL, XLL, M…) no sólo me parece admisible sino incluso deseable que un ejército de Chneg Guorong se reivindique como Haute Couture bajo el grito de guerra de “estamos en paro, no de saldo”. Sólo así es como concibo que el grunge pueda estar de vuelta.

Obvio el nombre de la ONG porque muchas de ellas, al externalizar la contratación de sus captadores, desconoce buena parte de las estrategias y malas prácticas que se están siguiendo en su nombre.