Por el que ríe, sin razones.
Por el que mira,
con la vista cansada.
Por el que sana
con dolor
Por el que ama
Sin fin
¡Un aplauso!
Por el que vive
No puedo atribuír la fuente porque entró en mi correo como Anónimo en la firma, que no en el remitente. En tiempos de Itacas, también de las que se están viviendo en Cataluña y España, Kavafis siempre es una gran opción para no aflojar las cuerdas de la mochila y tirar p’alante.
Otra de las desventajas de este exilio, «privilegiado» para el que le guste, es levantarte para poder buscar una cita, hojear un libro, oler una ilustración en tu biblioteca y enfrentarte a paredes vacías. La provisionalidad, se podría pensar, pero no, es la falta de hábito, es la burbuja intelectual de un País donde sobran doctores y faltan librerías, es la realidad de una ciudad donde todavía no han aprendido que aprobar no es aprender y que aprender pasa por la lectura.
Y en este contexto, en estos días donde no pude tocar mis obras completas del autor griego, donde ha habido algo de confusión y donde han dolido ciertos reproches y un mucho de soledad, llegó ella, una lectora, una seguidora, una fan que solo conoce a Anne Merkel y que se dio perfecta cuenta de que se estaba perdiendo en el camino. Son Aquellas pequeñas Cosas, como recordé en las redes en homenaje al premio Ondas a Serrat, que te dan una hostia en la cara, por soberbia, y te obligan a ponerte de nuevo en órbita. Se lo debes. Te lo debes.
Este post va dedicado especialmente a @begobouzas, por estar… para mí; y a los 2,2 millones de catalanes por haber estado, votaran lo que votaran, para la democracia y para uno de sus valores esenciales, el derecho a decidir.
«Somos soñadoras y seguimos caminando hacia la Utopía»

